Basílica de Santa María

Basílica de Santa María

Encaramada en el cerro de Puigcardener, asomándose al precipicio, se levanta majestuosa la colegiata basílica de Santa María, conocida popularmente como La Seu (catedral), dominando por completo la estampa de Manresa. De entre los restos de un poblado íbero, una fortaleza romana y un templo románico, se erige la actual construcción, que se inició en 1322 y se culmina en el siglo XV. Fue diseñada por Berenguer de Montagut, que también proyectó Santa María del Mar, en Barcelona, y está considerada como uno de los principales edificios del gótico catalán. Posteriores “retoques” hacen que tenga elementos renacentistas, barrocos y neogóticos, aunque la amalgama de estilos no resta belleza a una basílica que fascinó a Gaudí. Con el asesoramiento del insigne artista de Reus se construyó, entre 1915 y 1934, la fachada principal. De su exterior, llama la atención su impresionante rosetón situado en la fachada oeste del templo y el campanario que, con sus 60 metros de altura, marca el perfil de la ciudad. Se puede subir hasta él por una escalera de caracol y acceder a una barandilla desde la que se obtiene una privilegiada vista de la ciudad.
Al acceder al interior de la colegiata, la intensa luz que entra por los ventanales pinta de colores las columnas de la nave central. La cripta, con su gran sacristía de mármol, las torres laterales, la capilla del Santísimo y la pila bautismal se alzan ante nuestros ojos componiendo las imágenes más sobresalientes de la basílica. Deténgase a admirar el retablo del Espíritu Santo, considerado como uno de los más valiosos de la pintura catalana del siglo XIV.

No abandone la basílica sin visitar el Museo histórico situado en un edificio junto a la facha principal, y al que se accede por una escalera de caracol. Destaca un crucifijo románico, de talla en madera policromada del siglo XII y unas arcas de plata, del siglo XVII, que contenían reliquias de patronos de la ciudad. Pero, sobre todo, no hay que perdérselo por el “frontal florentino” (un frontal de altar gótico) que esconde. Tejido y bordado en Florencia, se dice de él que es el mejor del mundo. Fue utilizado por primera vez en 1353, en la consagración de la Basílica de Manresa por el obispo Ramón de Bellera ante la presencia del rey Pedro III. 


 

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