Basílica de Santa María de Uribarri

Basílica de Santa María de Uribarri

Ningún adjetivo por debajo de “impactante” puede aflorar a la vista de la basílica de Santa María de Uribarri en el corazón de Durango. Ya sin entrar, impone su estampa. Está pegada a una torre, la de Arandoño, que le sirve de campanario. Además está rodeada de calles peatonales que hacen agradable y hasta adictivo dar vueltas alrededor del templo para apreciar su planta desde distintas perspectivas. Lo que más impresiona quizá es su soberbio pórtico de madera que, por sus dimensiones, más parece una plaza. Incluso se han llegado a celebrar espectáculos bajos sus arcos. Dicen que es el más grande de Euskadi. Santa María se construyó en el siglo XV, pero las reformas de los siglos posteriores hicieron que la primera sensación al verla sea más barroca que gótica. Por dentro, el asombro no es menor. La cabeza no se cansa de mirar para arriba y girar en todas direcciones para descubrir maravillas como el Coro de estilo Reyes Católicos. De repente se detiene ante la visión del altar mayor romanista, en cuya hornacina central descansa la talla de la patrona de Durango, Santa María de Uribarri, firmada por un discípulo del ilustre escultor Juan de Anchieta. Los terribles bombardeos de las tropas italianas sobre Durango en 1937, dañaron gravemente, pero no apagaron el esplendor, de este monumento declarado bien de interés cultural.

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