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Villa-mausoleo de Centcelles

Constantí, Tarragona

Como una tira de cómics cuyo final no conocemos porque alguien borró parte de sus viñetas. Así se nos presentan los mosaicos que cubren esta bóveda de la Villa-mausoleo romana de Centcelles, en el pueblo de Constantí. En el friso inferior, vemos las primitivas figuras de una partida caza: hombres con palos que caminan al lado de sus monturas, caballos, presos de presa…, formando todos un anillo sobre nuestras cabezas. Sobre esa franja hay dos más, peor conservadas, que nos intrigan con otras historias amputadas por el tiempo: escenas bíblicas, figuras entronizadas, una representación simbólica de las cuatro estaciones, y, en lo alto, un grupo de pequeñas y enigmáticas cabezas, sin restos de un cuerpo de nos dé más pistas. Todas decoran la cúpula de un edificio paloecristiano del que no conocemos exactamente su uso. Se cree que en el siglo IV pudo habilitarse para ser la tumba del emperador Constante II, hijo de Constantino I el Grande, y esa incógnita refuerza nuestra intriga por estas viejas piedras.

Lo que sí sabemos con certeza es que el conjunto es bastante anterior a esa fecha: un asentamiento del siglo I a. C. en donde posteriormente, en torno al siglo I-II d.C., se levantó una gran villa romana. Esa villa fue creciendo en sucesivas reformas, añadiendo termas, zona de baños, viviendas, etc. En un momento dado, una de sus estancias se habilitó como mausoleo. Hoy es la parte mejor conservada y la más valiosa, pieza clave del arte paleocristiano.

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