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El corazón histórico y neurálgico de la capital del Turia. Aquí está la Plaza del Ayuntamiento, donde todos los días de Fallas (del 1 al 19 de marzo) a las 14 horas se vive la mascletà y, a medianoche, los fuegos pirotécnicos. Nuestra recomendación es que te des una vuelta por los puestos del Mercado Central de Valencia, y luego piques algo en la amplia terraza de Gran Mercat (Av. de María Cristina, 12). Sus ensaladillas, bravas, esgarraets o arroces triunfan en un ambiente que evoca la nostalgia de los bares de los años 50. Inspirado en esa misma época de mediados del siglo pasado, Casa Baldó 1915 (C. Ribera, 5) es un lugar perfecto para el esmorzar: bocadillo, bebida, gasto y café. Muy apetecibles el de tortilla de sobrasada ibérica, pollo campero a baja temperatura, queso brie y alioli de miel de azahar (campeón del Cacau d’Or 2024) o el chivito, uno de los favoritos de la chef Vicky Sevilla (Arrels, 1 Sol). Para estas fechas cuentan con un menú faller, con arroces melosos o allipebre entre los platos principales.
Ostras (más de diez, una bautizada con el nombre de Soletes), ahumados, conservas y salazones. Esta es la gran apuesta de Ostras Pedrín (C. Bonaire, 23 -cuenta con otra sede en C. Luis Bolinches Compañ, 5-), un local que respeta la esencia del lugar original, con vigas de hormigón, azulejos blancos, carpintería metálica en la puerta y la luz verde del baño. Muy interesante su oferta de vinos y cavas. En la genuina bodega Alenar (C. Martínez Cubells, 6) se maridan a la perfección tradición, vino y terreta, con variadas tapas gourmet, coques, bocadillos y vinos mediterráneos (organizan jornadas de catas). Para la hora de la merienda, en Hundred (C. Misser Mascó, 22) puedes encontrar una de las hamburguesas más virales y premiadas de los últimos años. Dos amigos que hace unos años se maracaron el reto de viajar por el mundo probando diferentes burgers y que, a su regreso a Valencia, abrieron su propio local. Hoy cuentan con varios en Madrid y la capital del Turia.
En los últimos años, las calles del barrio de Ruzafa (distrito Eixample) se han consolidado como el gran referente de la iluminación monumental... y también de los Soletes para tapear. Las coques (o cocas) son toda una institución en Zalamero (C. Sevilla, 20), con versiones como la de longaniza, morcilla y emulsión de pimiento piquillo; o la mallorquina, con sobrasada, queso Mahón y miel. Carta de fríos y calientes escrita en el azulejo de la pared del siempre concurrido Bar Trinchera (C. Pere III el Gran, 12), donde Raquel Ibáñez te sirve gildas, marineras murcianas, tortilla de patata con cebolla o un brioche de pastrami de escándalo. Al estilo de las fondas tradicionales, en La Cantina de Ruzafa (C. Literato Azorín, 13) la pareja formada por Eva Davó y Jaume Vilá sirve esmorzar y menús del día basados en el recetario tradicional valenciano, con ricos guisos de cuchara, figatell (magro e hígado de cerdo) o arrós al forn.
La ruta de vinos por este barrio popular comprende varias paradas. Empezamos por LeBar de Vins (C. dels Centelles, 27), una de las vinotecas favoritas de las cocineras Vicky Sevilla y Begoña Rodrigo (La Salita, 3 Soles) por su amplia oferta con pequeñas joyitas curiosas. En La Cooperativa del Mar (C. Literato Azorín, 18), las conservas portuguesas se maridan con vinho verde o vermú. También gran variedad de vermús (de Valencia, Catalunya, Galicia, Jerez o Italia) son los que ofrece L'Aperitiu (C. Mossèn Femenia, 24), con gildas, mini molletes o su premiado hummus de mejillones al vermut. Y si lo que quieres es hacer un viaje fuera de estas fronteras, en Acapulco Bar (C. Pintor Salvador Abril, 29) apuestan por una cocina de inspiración mexicana con extensa carta de mezcales y tequilas.
Uno de los centros neurálgicos de la ciudad, donde está el Campus Universitario, el estadio Mestalla o el Paseo de la Alameda, con sus tradicionales castillos de fuegos artificiales. Justo a los pies de este parque público se encuentra Ultramarinos Pope (C. Armando Palacio Valdés, 3), un festival de delicias charcuteras: buen jamón, quesos, conservas, salazones, cocas de Xabia, vinos y aceites. Para comprar o consumir en el local. Muy cerca del Puente del Real nos encontramos con La Pérgola (Passeig de l'Albereda, 1), uno de los clásicos de la picaeta valenciana, con sus míticos bocadillos Super Bombón (lomo, queso, champiñones, patatas pochadas, salsa verde y mayonesa) y Full equip (longaniza, cebolla, beicon, cebolla, tomate, patatas y mayonesa).
Las patatas con mejillones, muy características de 'Ultramarinos Pope'. Foto: Eva Máñez.
Para el afterwork y tardeos, uno de los más concurridos es Àtic Alameda (C. de Muñoz Seca, 6), con tapas, arroces, atún Balfegó y creativa coctelería. En el entorno del estadio Mestalla está El Garaje Foodie (C. Doctor Ferrán 10), un antiguo garaje con vehículos reconvertidos en food trucks donde pedir hamburguesas, bocatas y tapas del mundo, como gyozas, pokes y quesadillas. En Tonyina (C. Xile, 3) el atún, en sus diferentes versiones, es el gran protagonista, también en su demandado menú del día.
La carta de El Aprendiz (Plaza Río Duero, 6) se divide en La Palestra (entrantes fríos), Cultura General (entrantes calientes), Ciencias del Mar (pescados), Granja Escuela (carnes) y Golosinas (postres), siendo una vuelta al mundo por sabores latinos y asiáticos en un local con distintos ambientes, incluida una recreación de los mercados callejeros. Ese estilo de cocina viajera, por despensas y recetarios de Asia, África y España, es lo que propone Luzvi (abuelos chinos y japoneses, madre filipina y padre camerunés) en La Negri (C. d'Albocàsser, 27), con ramen, ensaladilla verde o costillas confitadas entre sus ya clásicos.
Nos adentramos en los barrios marineros de la ciudad. Aquí se plantan algunos de los monumentos, como la Falla de Malvarrosa, con más tradición y premios. El recorrido lo iniciamos en Bodega Anyora (C. d’en Vicent Gallart, 15), una antigua tasca rehabilitada de 1937 de vins i menjars de sempre, con tapas marineras (pulpo, tellinas, boquerones), casquería (morro con sardinas o lleterola -molleja de cordero-) y una cuidada selección de vinos naturales y ecológicos, así como de vermú de barra. A las puertas del Mercado Municipal del Cabanyal, el Bar Júcar (C. Just Vilar, 8) ofrece bocadillos tamaño XXL -muy recomendable el metralleta, de torrezno de Soria, longaniza, queso curado manchego y salsa de yema de huevo curada en soja y vino dulce-.
Anyora era una antigua bodega que fue abierta en 1937. Foto: Eva Máñez.
El bar El Mesó (C. Dalt de la Mar, 58) es uno de esos secretos que esconde la ciudad, un bareto humilde donde comerte un plato de ahumados y salazones extraordinarios. La sonrisa de Pedro y la terraza hacen el resto. Y para cerrar la jornada, un cóctel o un combinado de la amplia selección de destilados de Gran Martínez (Av. del Port, 318), una de las coctelerías favoritas de la chef Rakel Cernícharo (Karak, Un Sol).
Más de 30 años siendo “el bar de todos” en el distrito Algirós. En Bar Marvi (C. dels Sants Just i Pastor, 14) soplan aires gallegos y mediterráneos, con tapas clásicas y contundentes, como sus croquetas -que cambian de sabor cada semana- y especialidades gallegas, como la oreja cocida, el pulpo, o el chorizo al ribeiro, o su premiado steak tartar, de la mano de Tino Fernández. Tapeo de fusión entre Sevilla y Valencia en Las Grecas (C. Rodríguez de Cepeda, 33), donde Pedro y Rafa dirigen lo que han bautizado como “kitsch bar”, con una decoración colorida y estrafalaria en cuya carta se dan cita pucheros, frituras, titaina con atún rojo o ensaladilla de merluza, sepia y mayonesa de kimchi. En Quatre Carreres, muy cerca de la zona de huertas, está el Bar Cristóbal (Av. de Jesús Morante Borrás, 144), cuyo allipebre es uno de sus imprescindibles los jueves, bajo encargo.
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