Cabalgatas diferentes: Huelva, Ávila y Cantabria

Tres lugares muy especiales para sentir el hechizo de los Reyes Magos

Anunciación en Higueras de la Sierra (Huelva). Foto: Javier Sierra.

Son lugares encantados para los niños en la noche de Reyes. Y de paz para los adultos. No hay que llevar escaleras para ver las barbas de Melchor, Gaspar y Baltasar; disminuyen los riesgos de pisotones que dejan tus dedos pegados al asfalto al coger caramelos. Pueblos donde los Magos son tan magos, que hasta adivinan el nombre del niño al que sientan en sus rodillas. Son diferentes.    

La cabalgata bíblica de Higuera de la Sierra (Huelva), que este año cumple 99 años; la de los zambomberos de Casavieja (Ávila), donde va para el medio siglo desde que el Tío Gilo les hizo famosos por todo el país; o la más modesta pero entrañable, de San Vicente de la Barquera (Cantabria), donde los tres Reyes Magos llegan en barco desde los remotos mares, son otra forma de sentir a los personajes de Oriente. Y si se tiene un poco de paciencia, se puede disfrutar de hasta chocolate y roscón. 

Higuera de la Sierra (Huelva)

Cuando San Mateo relata cómo los magos que seguían la estrella de Oriente encontraron a Jesús –el Rey de Judea por el que habían preguntado a Herodes– con su madre María, y "se postraron", le adoraron y le entregaron oro, incienso y mirra, el apostol cita la "inmensa alegría" de los adoradores, pero no entra en detalles sobre la cara que puso el niño ante tan imponentes personajes. Según los historiadores, y basándose en los datos de la matanza ordenada por Herodes tras las preguntas de los enviados de Oriente, Jesús tendría más de un año cuando le encontraron los magos. Tampoco le vamos a reprochar más a Mateo. Bastante hizo con dar cuenta del acontecimiento. Ya se encargaron después, desde Cicerón hasta San Jerónimo, de corregirle o añadirle especulaciones: que si los magos eran sabios de Persia, doctores y astrólogos de Babilonia e incluso nigromantes, adivinos.

Una de las escenas bíblicas de la cabalgata de Higuera de la Sierra. Los pastorcillos alucinan cada año. Foto: Javier Sierra.

Nos quedamos sin saber qué carita puso Jesús, pero a cambio de esta tradición disfrutamos de los ojos como platos, las bocas de par en par y de la contaminación por ilusión de nuestros críos. Helena Sánchez Rincón no recuerda cuándo se le pusieron los ojos como platos ante los Reyes Magos y la cabalgata de su pueblo, Higuera de la Sierra (Huelva), quizá porque el asombro no se le ha escapado de su mirada desde aquella primera vez en que los Magos de Oriente la miraron. "Soy la tercera generación de una familia que vive la cabalgata como algo que llevamos en la sangre. Nos viene por parte materna. He salido de virgen, de ángel, de esclava. Y el año pasado logré desfilar como Estrella de Oriente, cumpliendo el sueño de mi abuela, con mi tío Manuel Rincón de rey Baltasar".

Helena, como Rosario –y las 700 personas que participan en la organización de la cabalgata en un pueblo de 1.300 habitantes– acaban la noche del 5 de enero "con un estado de felicidad increíble si todo ha salido bien. Los que lo vivimos aquí decimos que hay un sentimiento de cabalgata, algo intransferible, que se nos inculca desde que somos muy chicos".

Una de las carrozas de los Reyes en Higuera. Todo nació de la idea de un médico hace un siglo. Foto: Javier Sierra.

Lo del espíritu de la cabalgata no es de extrañar. La de Higuera cumplirá en 2018 un siglo de historia. "La segunda más antigua tras la de Sevilla", puntualiza Helena –los de Alcoy en Alicante, corregirían la fecha diciendo que ellos son más antiguos aún que Sevilla- y es un acontecimiento reconocido internacionalmente. "En una cabalgata de escenas bíblicas como esta, las 16 carrozas se dividen en dos tipos. Las llamadas carrozas pobres, que representan la vida cotidiana de la Virgen, San José o el Niño Jesús. Y las llamadas carrozas de fantasía, la de la Estrella de Oriente o los Tres Magos". Además, les acompañan escoltas a caballo, grupos de campanilleros, pastores y varias bandas de música.

Han pasado 99 años desde la noche del 5 de enero, en la que el médico de Higuera, Domingo Fal Conde, salió por las calles del pueblo repartiendo caramelos, junto con sus dos amigos, José Rexach Cubero y Francisco Girón María. Fal Conde tenía familia sevillana y, al parecer, copió la idea de la capital hispalense. En 1927 se incorporaron los primeros carros o camiones como carrozas.

Escena del portal. Representar a la virgen es un hito entre las jóvenes de Higuera. Foto: Javier Sierra.

Fue el mismo doctor Fal Conde quien terminó por llamar a la cabalgata como la Fiesta de La Paz, tras los acontecimientos de los años 30. Cuenta la historia de Higuera que fue suspendida en el año 1932 durante la II República. La ley prohibía cualquier manifestación de tipo religiosa. "Al año siguiente, el propio Ayuntamiento republicano, que gobernaba el pueblo, consiguió que volviera a salir. Todos los habitantes dejaron a un lado sus ideologías políticas y se unieron para sacar adelante esta fiesta, por eso Don Domingo la llamó la Fiesta de La Paz".

El cambio definitivo que convirtió esta cabalgata en diferente, un acto cultural y un referente, tuvo lugar cuando la temática de las carrozas empezó a concentrarse en temas bíblicos. "Las escenas se perfilan como sacadas de cuadros barrocos", comenta orgullosa Helena. La inmovilidad de sus personajes y animales, que les acompañan durante el recorrido de unas tres horas, convierte el acto en un espectáculo de gran belleza.

Los zambomberos de Casavieja (Ávila)

Aunque no es cuestión de reprocharle más olvidos a San Mateo de la visita de los Reyes Magos al portal, no es menos cierto que en su Evangelio no se explayó con el papel de los pastores, tan fundamentales en la historia del belén católico. A cambio, en Casavieja (Ávila) los pastores -convertidos en famosos zambomberos- son los protagonistas de la cabalgata, el broche de oro a unas navidades muy especiales para un pueblo que tampoco llega a los 2.000 habitantes.

Los zambomberos de Casavieja graban hasta discos. Foto: 'Pastores de Casavieja'.

Hace más de medio siglo que en Casavieja, el Tío Gilo decidió poner remedio a la relegación de los pastores a un segundo plano en el nacimiento. Y con su ocurrencia, puso a su pueblo en el mapa, con el apoyo de compañeros zambomberos. "Cuenta la tradición que los pastores que estaban con su ganado por las sierras de Casavieja bajaban al pueblo en la época de la matanza e iban por las casas usando los cacharros de cocina –almireces, sartenes, bandejas y calderillos– como instrumentos", explica Guillermo Rollón, uno de los encargados de mantener viva la tradición, que decayó entre los años noventa y principios del siglo XXI. El Tío Gilo puso rostro a esa tradición.

Prueba del juego que dieron y siguen dando los conciertos de los pastores que se profesionalizaron como zambomberos son los diferentes grupos que ha habido: 'Los de Justino Pelechas', conocidos por los del capote. 'Los Celtic', que lograron un disco de vinilo con el toque de zambomba a tres golpes. Los de 'Canelo, Cubalibre y Castizo', que grabaron una cinta de casete en directo en la discoteca 'Los Lumbrales' e hicieron actuaciones en TVE. Y por fin, este año, el 'grupo de Chuchi' ha conseguido grabar en un CD 15 canciones representativas de la Nochebuena Casavejana. A finales de los años 70 se celebró la primera cabalgata de Reyes en Casavieja en la que participaron los pastores y su música. Todo este relato musical, claro está, pertenece a Guillermo Rollón, que pone todo el entusiasmo a la hora de hablar de la tradición, en la que ya tiene embarcado a su hijo, un pequeñajo aún.

Los "instrumentos" de cocina, más zambombas y tambores, que utilizan los pastores. Foto: Pastores de Casavieja.

Aunque hoy son más de 300 los zambomberos en el pueblo y desfilan seis carrozas, que acompañan a los Reyes Magos y a los zambomberos –antes los pajes reales salen a recoger cartas y regalos de los niños–, no todo fueron días de gloria. "Los pastores sufrieron un declive en esa década, solo quedaban dos grupos que se juntaban en las fechas navideñas, los de Canelo y los de Chuchi", recuerda Rollón. Pero desde hace unos 10 años, por iniciativa de la asociación Vientos del Pueblo, recuperaron la marcha a golpe de zambomba. Durante los dos meses anteriores a la Navidad se reúnen en casa de Canelo, todas las tardes, para ensayar los niños y niñas casavejanas. "Hoy existen en el pueblo cuatro grupos de mayores y varios más de jóvenes y niños". Nadie olvida el espíritu y el trabajo del famoso Tío Gilo. "Fue uno de los primeros casavejanos que hizo un grupo organizado de Zambomberos, allá por los años 60, llevándolos a Barcelona a Radio Juventud y a Madrid, a Radio Intercontinental", según el cronista Rollón. Hay vecinos que también apuntan a la actuación estelar de los zambomberos en el Teatro Campoamor, en Oviedo. 

¿Años 60? El blanco y negro y los trajes de los zambomberos definen toda una época. Foto: 'Pastores de Casavieja'.

Capítulo aparte merecen las manos artesanales de hombres y mujeres que siguen fabricando zambombas (Canelo, Castizo, Cachorro y Cuco) y mujeres, como Carmen, que cosen la indumentaria clásica de los pastores (camisa, pantalones, zahones, leguins, sombrero y albarcas). Ah, pero si preguntamos por las niñas como zambomberas, algo se queda cojo, reconoce Rollón. "En los grupos infantiles hay alguna niña, pero una vez van creciendo, no suelen seguir tocando. En alguna ocasión hubo un grupo de mujeres que rondaban por las calles durante la época navideña, pero se perdió".

San Vicente de la Barquera (Cantabria)

A la Villa Marinera de San Vicente de la Barquera, los Reyes Magos no pueden llegar de otra manera que desde el mar. La fantasía indica que debieron inaugurar la fórmula hace siglos y después les copió desde el emperador Carlos I –que desembarcó allá por 1517 algo más que mareado por el estado de la mar– y los piratas ingleses que la Reina Isabel enviaba contra Felipe II. El alcalde, Dionisio Luguera Santoveña, es algo más modesto y deja la fantasía aparte. "La cabalgata empezó a programarse a finales de los años 70 y es un trabajo excepcional de todos los vecinos. Como mínimo tenemos siete carrozas, además de las de los Reyes Magos, que aportan los otros pueblos que conforman San Vicente: Hortigal, Gandarilla, La Acebosa, Los Llaos, La Revilla y Santillán Boria. Hay veces que algunos de ellos hacen más de una carroza. Y la verdad, con bastante creatividad".

Melchor, Gaspar y Baltasar llegan al muelle de San Vicente de la Barquera desde los mares lejanos. Foto: José García Pérez.

Si en Higueras de la Sierra el personaje mágico que tuvo la ocurrencia fue el médico, y en Casavieja, el Tío Gilo, en San Vicente de la Barquera está 'Eli, el Cartero', Elías González Sánchez, que como cuenta el alcalde y reconocen los vecinos, es el alma de esa cabalgata y de otras muchas cosas de la villa barquereña. ¡Y se ha jubilado el pasado día 10! "Soy un cartero de los de toda la vida, de pueblín, de los que hemos ejercido de psicólogo, confidente, amigo. Soy funcionario de carrera y llevo cuarenta años en esto, pero tengo otro récord Guinnes" afirma Eli, con el tono jovial y entrañable que le conoce todo el mundo.

Su récord –uno de los que más orgullo le produce a este excelente deportista– es que con este 2016, sus ojos serán los mismos que desde hace 20 años tiene Melchor, el Rey que cada año desembarca en el muelle de San Vicente, acompañado de sus dos inseparables, Gaspar y Baltasar. El trabajo de Majestad y mago tiene su aquel. "Llevo días mirando cómo caen las mareas este año. Si es muy baja, como ha pasado en alguna ocasión, hay que subir desde el barco hasta el muelle por una escalera de hierro y esto tiene sus problemillas, como todos los niños pueden comprender. Los Reyes tenemos una edad, y con los mantos y los trajes, nos enganchamos. Pero este Melchor de San Vicente tiene suerte, tanta que un año, una ráfaga de viento le tiró del trono y salió ileso y todo" recuerda el Cartero-Mago, que tampoco olvida el día en que sobre sus rodillas se encontró a una niña algo llorosa, que le habían dejado sus padres encima, David Bustamente y Paula Echevarría. "Oye, simpática ella. Hubo foto y fueron muy majetes".

La cabalgata de San Vicente por el Puente Chico, con el Castillo del Rey como fondo. Foto: José García Pérez.

El Rey Melchor que sienta a los niños en sus rodillas tiene una desventaja para algunas madres. "Mira Santi –puede decir Melchor– si esta noche eres bueno, luego, cuando reparta por tu casa, esa Casa de La Revilla que tiene un castaño tan bonito, lo tendré en cuenta, pero pórtate bien que te veré por la ventana de atrás, adonde da tu cuarto". Donde el Cartero-Mago habla de La Revilla, puede decir también la casa de la Higuera de Gandarilla o la de las ocas del Hortigal. Los niños, ojipláticos, no pegan ojo a veces y Eli sobrelleva la quejas de las madres al día siguiente y, como buen cartero, se las transmite a Melchor. Pero a veces no todos eligen al de la barba blanca. Los chavales cercanos a los 8-9 años se inclinan por Baltasar, el rey negro al que disimuladamente pasan un dedo por la cara ¡y no tizna! Luego es el verdadero, por eso habla en suhajilí y hay que traducirle. Eso sí, sus dientes blancos y labios gruesos son muy parecidos a los de alguno de los senegaleses que los sábados venden en el mercadillo.

La llegada al muelle no siempre es fácil. En la imagen, Melchor es el último en desembarcar. Foto: José García Pérez.

Con viento o sin él, haga frío, llueva o con galerna, Melchor, Gaspar y Baltasar llegan a San Vicente en el barco que se parece al escogido por la Cofradía de Pescadores, saludan a los niños y cruzan el Puente Chico camino de la Plaza Mayor del Fuero, donde ya les espera el nacimiento viviente y los críos con sus historias. "No hacemos algo espectacular, pero sí entrañable y con la entrega de todos los vecinos, incluidas las asociaciones de mujeres", acaba el alcalde. 

Y colorín colorado, estos tres pueblos de cuento para la noche de la magia, aquí han acabado. Que sus majestades os traigan de todo.

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