Ruta de Jarandilla de la Vera a Villanueva de la Vera (33,3 km por la EX-203)

Día 2: A la vera de las gargantas

Baño en la Garganta de Cuartos en el Losar de la Vera, Cáceres
Las aguas refrescantes de la garganta de Cuartos invitan a un baño.

Entre los pueblos de Jarandilla y Villanueva, las gargantas se suceden en un espectáculo sin igual, incluso, al borde de la carretera, como es el caso de Cuartos, una de las más populares de la zona, también ensalzada a la vista por su puente romano. Pocas son los que llegan a La Vera y no pasan por este charco. Jardines de otro mundo, un castillo donde suena la música en los días de fiesta y una arquitectura de épocas pasadas, cierran la ruta de este segundo día.

Al amanecer, y tras desayunar en 'La Posada de los Sentidos' de Jarandilla, la carretera EX-203 va marcando la ruta del día sin esfuerzo aparente. A poco más de cinco kilómetros de la villa que adoró Carlos V, aparece uno de los pueblos más fascinantes de la comarca: el Losar de la Vera.

CUADERNO DE VIAJE: RESUMEN DEL VIAJECONSEJOS | COMPRAS | SELFIES 

Un seto a la entrada del Losar de la Vera con el nombre de la localidad cacereña.
Los setos del Losar de la Vera dan la bienvenida a la entrada del pueblo.
# 1. Un jardín surrealista

1. Un jardín surrealista

Más de dos décadas se adelantó un jardinero verato a la película Eduardo Manostijeras, realizada en los 90. A la entrada, una figura humana tallada en un seto da la bienvenida antes de presentar el nombre del pueblo esculpido en los mismos arbustos que van acompañando a la carretera principal que atraviesa el pueblo. El sueño de Vicente Mateo Domínguez de dar forma a los jardines del Losar de la Vera provocó, sin saberlo, el mayor reclamo turístico del municipio. 

José Antonio Díaz Correas, jardinero del Losar de la Vera, Cáceres
El jardinero José Antonio Díaz Correas continúa el legado topiario del que fue su maestro.

Ahora es José Antonio Díaz Correas, discípulo de Vicente, el que está a cargo de los setos del Losar, junto a otros cuatro jardineros que trabajan para que el legado de la topiaria, ese arte de crear figuras en jardinería, ideada en su día por Vicente no se pierda. "Él lo pensó y lo empezó, nosotros ahora lo que hacemos es mantenerlo e ir añadiendo formas nuevas", asegura un día de mucho sol al final de su jornada laboral. Un pájaro, parece una paloma, con su ojo abierto; una cabra o un botijo atrapan las miradas de los curiosos. 

Setos con diferentes formas en los jardines del Losar de la Vera
Pájaros, cabras o jarrones, con cualquier forma se atreven los "Manostijeras" del Losar.

Los alrededores respaldan otros planes que solo varían dependiendo de la época del año en la que se visite esta zona. Por ejemplo, se pueden conocer charcos diferentes de la garganta más cercana, Vadillo, no solo la piscina natural que se prepara durante los meses de verano, sino avanzar cauce arriba y descubrir otras pozas siguiendo el curso de las aguas. Hay que estar alerta a las subidas de agua en invierno o primavera, adentrarse entre las piedras requiere que el nivel del río esté bajo, o si no, hacer como los lugareños y seguirlo por los caminos, más difíciles, que lo bordean. 

Charco de la garganta Vadillo en el Losar de la Vera
Los paisanos del Losar prefieren buscar charcos escondidos en la garganta Vadillo.

La Herrera es uno de esos charcos que se puede encontrar con ganas y esfuerzo. Es grande, lo que la habilita para un buen baño, y además cuenta con una cascada, que cuando arrastra suficiente caudal se puede atravesar por debajo. "Es muy bonita, no desistáis. Cuando crees que ya no puedes seguir el curso de la garganta, te adentras en la tierra por la derecha y sigue caminando hasta verla", revela una verata que pasea con su perro. 

Mujer toma el sol en un charco de la garganta Vadillo en el Losar de la Vera
Las piedras que arropan el agua de las gargantas son perfectas para tomar el sol.
# 2. El Puente de Cuartos

2. El Puente de Cuartos

Si uno no está para adentrarse en busca de charcos desconocidos, que siempre lleva más tiempo, hay que ir directamente al punto más famoso del Losar: el Puente de Cuartos. La garganta es un espectáculo en sí misma, tanto si uno quiere refrescarse en sus pozas heladas como si solo quiere admirar sus aguas cristalinas. Se encuentra en la misma EX-203, sin tener que desviarse ni un ápice. En la época estival, varios chiringuitos ofrecen bebidas y comidas casi a la vera del puente del siglo XV. Aunque avisamos que son más apropiados para tomar un piscolabis y reponer fuerzas, que para pararse a degustar la gastronomía de la zona.

Baño en el charco principal de la garganta de Cuartos del Losar de la Vera
En Cuartos vuelve a destacar, como en otras gargantas veratas, un puente de siglos pasados.

 Siguiendo las curvas que marcan el asfalto y, solo si se desea una buena foto panorámica de la comarca, habría que desviarse a la izquierda y subir hasta Talaveruela de la Vera, donde se está haciendo cada vez más popular su Ruta de las vistas. Por algo será.

La gente se lanza al agua desde el puente de la garganta de Cuartos en el Losar de la Vera
La garganta del Puente de Cuartos es de las más conocidas de La Vera.
# 3. Valverde de la Vera

3. Valverde de la Vera

Desde lejos, se ve lo que queda en pie del Castillo de los Condes de Nieva, en Valverde de la Vera, unido a la iglesia de Santa María de Fuentes Claras del siglo XIV, que permitió crear este conjunto arquitectónico sobre la que fuera la fortaleza defensiva de la aldea. Hay que visitarlo para entender hasta qué punto se ha detenido el tiempo. Solo durante unas noches de la Virgen de Agosto, el 15 de agosto, se celebran las fiestas locales en el mismo castillo, cuya música congrega a jóvenes de la comarca y de las llanuras vecinas, las del Campo Arañuelo, mezclando el pasado y el presente en una comunión insólita. 

Castillo e iglesia de Valverde de la Vera, Cáceres
Desde la carretera, se aprecia la silueta más característica de Valverde: la del castillo y la iglesia.

El barrio judío de esta localidad, que si no fuera por el castillo y la iglesia parece irrelevante desde la carretera principal, esconde un laberinto de calles empedradas por las que pasear admirando las viviendas características de la región. En este deambular, hay que buscar el Museo de los Empalados, ubicado en "la casa típica verata". Allí el visitante puede informarse sobre esta tradición religiosa de la noche del Jueves Santo en Semana Santa que pone los pelos como escarpias. 

Tapices tejidos de colores en las calles de Valverde de la Vera, Cáceres
Tapices realizados por las mujeres del pueblo llenan de color las calles de Valverde.

A veces se estrechan tanto las calles, que la sombra no te abandona. Sus fuentes aquí y allá hasta llegar a su Plaza Mayor son otro buen motivo para recorrerlo con la calma que transmiten sus propios habitantes. Apunta otra curiosidad que cuelga en sus callejones: unos enormes tapices tejidos de colores que dan sombra durante parte de la primavera y el verano. Aunque no es exclusivo de Valverde, se puede ver en otros municipios, desde luego aquí lo han elevado a la máxima potencia.

Calles de Valverde de la Vera donde se aprecia la tradicional arquitectura
En las calles de Valverde se aprecia la arquitectura verata de la comarca.
# 4. Dormir en el corazón de las montañas

4. Dormir en el corazón de las montañas

De nuevo en la carretera, sobrepasamos Villanueva de la Vera para llegar al siguiente alojamiento y pasar la noche. El 'Hotel Llano Tineo', en medio del campo y con vista a las montañas, es un secreto a voces en el corazón de la comarca. Las atenciones de María Carmona y Manuel Haba hacen de la experiencia un descanso agradable en el que no falta un detalle. Piscina para las altas temperaturas del verano y chimenea para las bajas del invierno. 

Y la terraza para cenar iluminada para las noche
Y para las noches de verano, más terraza para soñar.

Y una magnífica terraza en el césped para cenar durante las noches con buena temperatura no solo permite saborear los mejores platos de la cocinera, la propia dueña, que ha revalorizado la cocina vasca en la zona. Hay muchas formas de despedir el día, pero tan especial como hacerlo bajo un manto de estrellas recortado únicamente por la silueta de la sierra tiene que haber muy pocas.