En ruta con Víctor Manuel

"Soy capaz de desviarme 100 km para tomar unos sesos en el Mercado de Jumilla"

En ruta con Víctor Manuel
El cantante acaba de publicar un libro sobre sus lugares favoritos para comer cuando está de gira. Foto: @paconavarrophoto.

Todos los caminos conducen a Roma, y en el caso de Víctor Manuel todas las conversaciones llevan a la comida. El cantante reconoce defenderse con los arroces tras fijarse en cómo los hacen en el 'Monte Vedat', en Torrent (Valencia); confiesa que le gusta cocinar con plancton marino a raíz de probarlo en 'Aponiente'; y admite que estando de gira es capaz de desviarse 100 kilómetros para saborear unos sesos en el Mercado de Jumilla.

La música es su pasión y la cocina también. Lo hemos descubierto en su libro El Gusto es mío (Ed. Aguilar), un paseo por los recuerdos de la vida del cantante aderezados con sus viajes por carretera, recomendaciones gastronómicas y recetas de cocina, esas con las que Imanol Arias, Joan Manuel Serrat o Joaquín Sabina se han chupado los dedos cuando han ido a comer a su casa. "El mejor halago de mis amigos cuando cocino para ellos es que no dejan nada en el plato", comenta el artista. Paradójicamente en sus inicios como cantante se hartó de bocadillos en sus giras hasta que le cogió el gustillo al buen comer.

Y precisamente en 'El gusto es mío' hay todo un mapa gastronómico de restaurantes donde disfrutar de la buena mesa. ¿Cuáles serían tus imprescindibles de Norte a Sur y de Este a Oeste?

En Barcelona voy a 'Koy Shunka', un japonés extraordinario en el que me dejo guiar por el menú que te pone el dueño, te van sirviendo platos y platos ¡hasta que te mueres! Si voy a Valencia paro en 'Ricard Camarena' y en el sur, en el Puerto de Santa María (Cádiz) no me pierdo 'Aponiente'. La verdad es que es una fiesta con esos platos-trampantojos de los grandes cocineros, te crees que te estás comiendo un percebe y resulta que no lo es. ¡Es muy divertido! Fue allí donde descubrí el plancton marino, que de vez en cuando compro para mis platos, tiene unas aplicaciones culinarias maravillosas. Si voy al norte me pierdo en cualquier restaurante. En Galicia por ejemplo, que la he pateado muchísimo, rodé la película Divinas palabras en 1987 como productor y no salíamos de 'Casa Vilas' todas las noches.

En ruta con Víctor Manuel en cocina
Además de buen 'foodie', Víctor Manuel se maneja bien entre los fogones. Foto cedida.

¿Cuál ha sido tu último descubrimiento culinario?

Hace unos días fui a un restaurante que se llama 'Conrado y Suárez', en Oviedo, donde dan una carne casi tan buena como la de 'El Capricho' en Jiménez de Jamuz (León) que es, seguramente, la mejor que se puede servir en España.

¿Cuál es esa barra de bar a la que te gusta quedarte pegado?

No soy muy de tapas ni de barras, aunque sí de bocadillos. De hecho, en el libro hay una guía en la que recomiendo buenas bocadillerías como 'El porrón canalla' (c/ Ballesta, 2. Madrid) o 'Entrepanes Díaz' (Carrer de Pau Claris, 189. Barcelona). Pero saliendo por las diferentes carreteras también tengo lugares y barras de bar donde sé que tengo que parar forzosamente. Si voy a Bilbao o a Santander ¡cómo no ir a 'Landa', en la carretera de Burgos!

El gusto por la buena mesa te llega tarde...

Cuando yo empecé a tener éxito con veintitantos años andaba como pollo sin cabeza comiendo bocadillos por las carreteras; después te vas calmando un poco y te van recomendando sitios, si vas a Betanzos no dejes de probar las tortillas... Y a partir de ahí, pues ya consultaba guías como la Campsa al principio y la vuestra, la Guía Repsol después, en busca de buenos sitios para comer.

A partir de ahí ya te fuiste animando

A medida que iba comiendo cosas ricas, llega un momento que casi estableces las giras en función de dónde vas a comer o eres capaz de desviarte 100 kilómetros de la carretera principal para ir a tomar unos sesos al Mercado de Jumilla, por ejemplo.

En ruta con Víctor Manuel: el cocinero Ángel León
En 'Aponiente' descubrió el placton, que ahora el artista ha incorporado a su cocina. Foto: Juan Carlos Toro.

Y le cogiste gustillo. ¿Se puede decir que disfrutas tanto de la cocina como de la música?

Cuando hice la gira El gusto es nuestro con Ana, Miguel Ríos y Serrat, en 1996, escribí un diario de ruta, todo era cocina ¡no había nada de música! Escribía sobre los restaurantes en los que habíamos comido a diario. Seguramente me hubiera animado a ser cocinero y poner un restaurante si no hubiera visto el esfuerzo que he comprobado de primera mano en amigos, ya no hablo del rango más top, sino de los de clase media. Mantener un restaurante es trabajosísimo y muy sacrificado.

Mejor, entonces, disfrutar de tu música y quedarte como aficionado a la cocina. ¿Cómo te animas a acercarte a los fogones?

Empecé a tratar de adivinar qué me ponían en el plato cada vez que un restaurante me gustaba. Por ejemplo si iba a Torrent, en Valencia, me metía en el 'Monte Vedat', un sitio especializado en paellas cocinadas con leña, y me fijaba en lo que ponían y cómo lo hacían los cocineros. Soy curioso y autodidacta, nunca he hecho un curso de cocina, bueno solo uno de pan con Javier Marca.

Y un cocinillas como tú, ¿en qué mercados compra?

En el Mercado de Chamartín, porque vivimos en este barrio hace 40 años. El pescado lo compro de toda la vida en el puesto de 'Ernesto Prieto', primero le compraba al padre y ahora al hijo; y la carne en 'Raza Nostra'. A veces voy también al Mercado Maravillas donde me conocen en los puestos y me recomiendan muy bien.

En ruta con Víctor Manuel: en mercados
El cantante es un aficionado a los mercados, donde le gusta perderse entre los puestos buscando producto local. Foto cedida.

En 'El gusto es mío' hay un capítulo en el que hablas de los mercados. ¿Tanto te gustan como para dedicarles una parte de tu libro?

Los mercados me encantan, si tengo tiempo es lo primero que visito en cualquier ciudad, de hecho, cuando viajo por España siempre llevo una neverita en el coche para comprar productos frescos y traer todo lo bueno que tengan en ese momento. Hace unos días viajé a Asturias y fui a mi pescadero en Avilés para traerme pescado fresco.

Y como mercado para visitar, ¿cuál nos recomiendas?

Como mercado puro puro, extraordinario, el de Abastos de Santiago de Compostela: es de una belleza, todo de granito... Es más visitado, incluso, que la catedral. Aparte de que hay un restaurante buenísimo que no tiene ni frigorífico, porque todo lo compran allí mismo. Si hablamos de mercado grande y más completo te recomendaría el Gran Mercat de Valencia.

¿Cuál es esa carretera para perderte?

Me gustan las secundarias. La provincia de Guadalajara es maravillosa para eso, de repente encontrarte una joyita como un buen restaurante. Quizás la carretera más bonita es la autovía que va de San Sebastián hasta A Coruña: el tramo desde Castro Urdiales, Santander hasta Galicia es una maravilla porque es muy armoniosa, tiene pocas edificaciones a la vista, con el mar siempre presente.

Recomiéndanos un hotel que te haya gustado especialmente.

Últimamente he estado en uno en Lastres (Asturias) que es el 'Palacio de Luces'. Está en un enclave maravilloso, en una finca cercada muy bonita. Enfrente hay una montaña muy presente, ocupando todo el espacio del comedor, y además es muy cómodo. Es un relais & châteaux donde se come muy bien, con una cocina espléndida.

En ruta con Víctor Manuel: Bosque de Muniellos
Muchos aficionados a la naturaleza vienen hasta aquí para observar osos. Foto: Roberto Iván Cano.

Ya que estamos en tu Asturias natal, ¿qué ruta nos recomiendas si nos dejamos caer por allí?

Hay grandes reservas como la de Muniellos. Perderte ahí es lo máximo, es la naturaleza en estado puro, sin contaminar. Hay grandes reservas, pero esa creo que es la más completa.

¿Cómo te definirías como viajero? ¿Coincides en gustos con tu mujer, Ana Belén?

No soy nada exigente, me acomodo a cada circunstancia, puedo llevar cosas preparadas pero también me gusta improvisar sobre la marcha. Ana es viajera como yo, me acompaña siempre que puede, tenemos los mismos gustos: de repente disfrutar de la naturaleza pero también saborear París o Bolonia, que son sitios mágicos.