Escapada a la Selva de Irati (Navarra)

Un bosque de senderos históricos

Selva de Irati
La Selva de Irati, el hayedo más frondoso de Europa, un espectáculo de colores cambiantes en función de la estación.

Almadieros, alpargateras, pastores trashumantes y contrabandistas han pasado por este cruce de caminos a lo largo de la historia. El hayedo más frondoso de Europa es una auténtica selva de colores cambiantes en función de la estación, un manto vegetal inundado de historias e historia. Es la Selva de Irati, en un recorrido otoñal exclusivo para Guía Repsol.

Cuatro valles regentan uno de los bosques más cinematográficos de Navarra. “La mayor porción de Irati pertenece al valle de Salazar, al sur del bosque, con Ochagavía-Otsagabia como el pueblo de mayor tamaño, seguido por el oeste por el Valle de Aezkoa y en la vertiente norte del Pirineo, los de Garazi y Zuberoa”. Lo dice Gustavo Goiena, técnico de la Oficina de Turismo de Ochagavía.

Ochagavía - Selva de Irati
Ochagavía es el pueblo de mayor tamaño del Valle del Salazar, donde se encuentra la Selva de Irati.

De este pueblo de tejados empinados (a dos o cuatro aguas) puede partir la excursión a este camaleónico hayedo-abetal que bebe del río Irati y reparte su vegetación y fauna entre las dos vertientes del Pirineo. Un bosque acostumbrado a abrir camino a los diferentes protagonistas que cruzaron sus históricos parajes a lo largo de las décadas. Por tierra, río y aire. “Ya desde el siglo XIV los almadieros del Irati, el Salazar y el Esca bajaban la madera río abajo hasta Sangüesa y más allá”, cuenta Gustavo.

Selva de Irati
Gustavo Goiena es el técnico de la Oficina de Turismo.

Aquí hay un hito en la historia que marcó el discurrir diario de los habitantes y visitantes de estos valles. “Tres aezcoanos, Domingo Elizondo, Antonio Aróstegui y Ciriaco Morea volvieron a su tierra tras hacer fortuna en América. En 1907 fundan El Irati S.A., una empresa que en realidad eran muchas: Electricidad, Montes, Destilería y Ferrocarril”.

La Selva de Irati es uno de los bosques más cinematográficos de Navarra.
La Selva de Irati es uno de los bosques más cinematográficos de Navarra.

Después llegó la presa de Irati (luego Pantano de Irabia), clave en eso de facilitar el transporte de troncos río abajo mediante desembalses, conocidos como barrancadas. En pleno corazón del bosque. De presa a presa. “Eran gancheros o lanceros que iban empujando la madera por el río. Llegaron incluso a venir de Valencia a apoyarles en esta labor. En Aoiz, estos indianos regresados montaron luego un aserradero donde transformaban la madera en etanol. Luego, con lo sobrante, crearon el famoso Tren del Irati, que transportaba pasajeros de Sangüesa a Pamplona”.

Selva de Irati
La madera siempre ha sido el gran recurso de la zona.

El corazón del bosque

Todo ocurrió aquí, en pleno corazón del bosque, en Irati. Un pasillo vegetal donde se montó también el llamado sistema tricable, un modelo de transporte contemporáneo por el que se transportaba la madera desde cierta altura. Esa madera sobre la que los almadieros bajaban hacia el sur, río abajo, a través de las diferentes presas con sus rampas para facilitar el paso de las almadías. Esa que nutrió a la Marina Española de Carlos III para sus mástiles, remos y navíos.

Selva de Irati
A lo largo del tiempo, el bosque se convirtió en el modo de vida de la gente que vivía a su alrededor.

Madera como recurso, como medio de vida de este bosque autóctono y como salvamento. Y es aquí donde entra en escena Charles Schepens, oftalmólogo belga que junto al pastor vasco Jean Sarotxar revitalizaron una serrería, abasteciéndola con los troncos de Irati transportados por esos cables aéreos. “Schepens monta toda una red de escape del nazismo, por la que huyeron muchos fugitivos. Camuflados como operarios de la serrería, un centenar de personas logró huir hasta San Sebastián y después a Inglaterra.

Selva de Irati
Aunque es impresionante todo el año, los colores del otoño son mágicos.

Pero mucho antes incluso que este territorio de escape, ya existía la cañada. “Desde el siglo XII hay constancia de que los Reyes de Navarra otorgaron a los Valles de Salazar y Roncal derecho congozante de las Bardenas Reales”. Cinco siglos de trashumancia, de paso de los rebaños de ovejas y cabras bajando hacia el sur, hacia los pastos de Bardenas Reales cuando llega la nieve al norte, y también hacia la Sierra de Abodi e Iparralde (Baja Navarra) en verano. “El papel de estos pastores es clave, porque han moldeado el paisaje”.

Selva de Irati
Toda esta zona cuenta con cinco siglos de trashumancia, permiso concedido por los Reyes Católicos.

Un relieve complejo que tampoco impidió a aquellas alpargateras trasladarse con frecuencia a Mauleón. “Mi abuela era una de ellas -afirma Gustavo-. A estas mujeres se les empezó a llamar golondrinas a título póstumo, pero también fueron conocidas como hormigas, porque iban de negro y a trabajar”. Muchas mozas navarras cruzaban Irati para ir a ganar el jornal en los talleres durante los meses de frío, cuando el campo descansaba. Eran inviernos en los que la historia documentada daba paso a las leyendas junto al fuego, en las casas salacencas y roncalesas.

El bosque está lleno de magia.
El bosque está lleno de magia.

Una cultura oral que ha sobrevivido hasta hoy, en la que cobran vida historias como la de las esquivas lamias, mitad humanas-mitad bestias, que peinan sus cabellos junto al río. También la del famoso Basajaun, señor del bosque, junto a su compañera Basandere, protectores del ganado. O la de Juana de Albret, cuya alma errante dicen que puede verse vagar en las noches de Irati, pidiendo justicia tras morir envenenada.

Selva de Irati
La zona cuenta con mucha mitología; personajes como las lamias, el Basajaun o la Basandere forman parte de las leyendas locales

El acceso principal

Hoy aquellos antiguos caminos aparecen señalizados para los amantes del senderismo, bien como GR (Gran Recorrido) con marcas blancas y rojas, o como SL, Sendero Local. Una enorme red de senderos balizados para disfrutar de este bosque histórico, que junto a la BTT y al esquí de fondo, se convierten en dos de las prácticas más demandadas de estas montañas

Selva de Irati
Los antiguos caminos aparecen señalizados bien como GR (Gran Recorrido) o SL (Sendero Local).

A esta selva navarra se accede desde diferentes puntos, pero uno de los principales, junto con los accesos desde Orbaizeta o el Centro de Montaña de Irati, es por las llamadas Casas de Irati. Una pista forestal de la que parten muchos de estos senderos, que cristalizan en el Embalse de Irabia o la Cascada del Cubo (Itsuosin, “pozo ciego”, en euskera). Un chorro de agua que desemboca en el río Urbeltza (aguas negras), que, al unirse al río Urtxuria (aguas blancas, claras), forman el río Irati.

Selva de Irati
La Cascada del Cubo es un chorro de agua que desmboca en el río Urbeltza que, junto con el Urtxuria, forma el río Irati.

Es otoñada en la Selva de Irati, la etapa más famosa en las crónicas y fotografías de esta estación. En las umbrías de sus 17 mil hectáreas, a la sombra, saludan los hayedos, y hacia el sur, en los carrascales, lo hacen los robledales. Pueblos como Ezcároz, Ochagavía, Igal o Izal (entre otros), de calles estrechas y gruesas paredes de piedra dibujan casas muy próximas, incluso compartiendo muros para evitar pérdidas de calor.

Detalle de las raíces de estos impresionantes árboles.
Detalle de las raíces de estos impresionantes árboles.

Casas norteñas con sus chimeneas cónicas y tejados a dos o cuatro aguas, de pendiente pronunciada, para que la nieve caiga. Muchas de ellas con sus huertos, rodeadas de eras, donde antaño se trillaba, rodeados por el valle y la montaña. Todas diseñadas para soportar la crudeza del invierno, dibujando pueblos de postal, de calles que en su día se empinaron a conciencia, para que el hielo, la nieve y el barro no se acumularan. Villas de antiguo paso de carruajes y ganado que hoy se sustituye por modernos tenis y bicis de montaña.

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En las umbrías de las 17 mil hectáreas de Irati se encuentran los hayedos.

Arriba, en la parte alta de Irati, hasta 24 miradores permiten otear esta selva de rutas cuando la niebla lo permite. Uno de ellos, el de Pikatua, “precipicio” en euskera. Los reyes del techo de Irati son las aves rapaces y carroñeras, inseparablemente ligadas al mundo ganadero en el Pirineo Navarro. “En Navarra tenemos alrededor de 2.800 parejas de buitre leonado, una de las poblaciones mayores de toda la península.” Por aquí también habita el quebrantahuesos, ave en peligro de extinción, así como algunas parejas de Pico Dorsiblanco del Pirineo, una delicada población que depende de la explotación racional del bosque y de las maderas muertas.

Selva de Irati
Existen hasta 24 miradores que permiten otear esta selva... siempre que la niebla brinde una tregua.

Iniciando el descenso

Ya en el descenso, la vaca pirenaica puebla los recovecos de estos caminos, donde el helecho sirve de cómoda cama. También el caballo de raza Burguete. “Hay una leyenda que cuenta que es resultado de la mezcla de los caballos bretones, los que engrosaron las huestes de Napoleón, con la jaca navarra”. En el pasto, la oveja Latxa, cuya leche será la materia prima clave para la elaboración del eterno queso de Roncal.

Selva de Irati
Ya en el descenso, los helechos sirven de cómoda cama a la vaca pirenaica.

Una serie de ermitas salpican los diferentes altos. Una de ellas, la de la Virgen de las Nieves, regia sobre un cerro en la confluencia de los ríos Urbeltza y Urtxuria, con su tejado de tablillas de roble (oholak, en euskera), hechas a mano, precursoras de las tejas actuales. “Es una ermita que por la fecha en la que se construye, en los años 50, no tiene gran devoción. Está cerrada, pero en la actualidad un grupo de vecinos de Aezkoa y Salazar está intentando reactivar la cofradía que existió años atrás”. Luego están las ermitas de Muskilda, en Ochagavía, la Blanca de Jaurrieta, que sí tienen danzas y culto y las de Arburua o Argiloa en la zona baja del valle o Atabea, en el distrito sur del Valle de Salazar.

Selva de Irati
La de la Virgen de las Nieves es una de las distintas ermitas que se encuentran en los altos.

Hoy, aquellos robles y hayas que en su día nutrieron las tejas de tablilla de las cúspides de las casas del Pirineo Navarro ya esperan a la nieve. Y sigue llegando el viajero, respirando ese aire puro que animó a todos los supervivientes, por unas u otras razones, a atravesar la Selva de Irati.  Río, monte, selva, hayedo, y abetal. Irati sigue abriendo camino.

OFICINA DE TURISMO DE OCHAGAVÍA Y CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE LA NATURALEZA - Barrio Lebaria, 21 (Ochagavía, Navarra). Teléfono: 948 89 06 41.