Olite (Navarra), una villa de leyendas e historias reales

El Palacio de la Tierra Media está en Olite y su rey era un hombre, no un elfo

Panorámica del Palacio de Olite en tierra de viñedos
Panorámica del Palacio de Olite en tierra de viñedos. Foto: Francisco Corcín.

Hace muchos años, siglos -allá por 1387, dicen los escritos- vivió un rey que amaba la paz, la belleza, la cultura y la sabiduría. Esto no es un cuento, sucedió en la Tierra Media de Navarra, con un personaje interesante, Carlos III 'el Noble'. Su Palacio en Olite hubiera sido digno de la fantasía de Tolkien y su reino de los elfos, según las leyendas apoyadas en la historia. Cautivado por ellas quedó hasta el mismo Gustavo Adolfo Bécquer.

El lugar disfrutaba de jardines colgantes, patios para las aves y sus habitantes paseaban bajo naranjos, limoneros y otros árboles traídos desde tierras lejanas, que extendían su fragancia por las 110 habitaciones (un viajero alemán, algo exagerado, llegó a escribir que había una habitación para cada día del año). En invierno, las plantas más exóticas y delicadas se tapaban con toldos para protegerlas de las heladas bajo cero y de la nieve.

Los corredores diseñados por Carlos para Leonor de Trastámara junto a los jardines colgantes.

Con especial cuidado se vigilaba a los animales del zoológico de su majestad: búfalos, ciervos, cebras, algún elefante, lobos, jirafas, avestruces, bisontes. Y el foso para los leones. Además, en las paredes del palacio se incrustaron cañerías de plomo para poder suministrar agua a estos pequeños paraísos.

Las cerámicas de Manises, las tejas revestidas con vidrios azules y los suelos de mármoles multicolores cubrían las habitaciones. Lo habitaban hombres en vez de elfos, pero Tolkien lo podría haber utilizado de inspiración para su Tierra Media, Lórien. Vale, no fue así, pero la ventaja es que lo relatado hasta aquí, queridos niños y adultos, es verdad. Está en los libros, concretamente en uno en el que se apuntaban las compras de aquel Reino de Navarra. Son números y datos que aún hoy se pueden consultar y por el que se sabe de dónde procedía cada árbol, cada animal de África o Asia, cada tapiz turco o persa. Incluso las esteras de juncos que cubrían el suelo para aislar el frío, bajo las ricas alfombras, están datadas.

El rey 'Noble' diseñó torres para sus nietos, inspiradas en las leyendas del Rey Arturo.

Por si faltaba algo en lugar tan especial, Carlos 'el Noble', amante de las leyendas artúricas, levantó una torre de guarda con cuatro coronas, homenaje al Rey Arturo, pero sobre todo al caballero Lancelot. De hecho, uno de los hijos del monarca navarro llevó el mismo nombre de este caballero de la mesa redonda

¿Que dónde está el palacio de este peculiar monarca? En la tierra media de Navarra, en Olite –a 44 kilómetros de Pamplona–. Allí erigió el joven miembro de la dinastía de los Champaña la corte que le llevó a recuperar a su esposa, Leonor de Trastámara. Ellos fueron los padres de la gran Blanca de Navarra y de su triste hijo, el Príncipe de Viana.  

El maestro e historiador

Javier Corcín fue maestro de Olite, es historiador y quizá el jubilado más activo de la comarca. Alto, más bien flaco, con manos de maestro y escribano, se le ilumina la cara cuando habla de Olite, de Carlos III el Noble y de su estirpe. "Carlos III (Mantes-la Jolie, 22 de julio de 1361 - Olite, 8 de septiembre de 1425) llegó aquí desde Francia, con 13 años", relata Corcín, durante una charla de café en el Parador, la parte más antigua del palacio construido hace más de ocho siglos.

La magia del 'Greenman' o 'máscara de la primavera' de la iglesia de Santa María.

"Era casi un niño, de la dinastía de los Champaña. Llega a una tierra que no conoce, a un reino pequeño en el que tendrá que vivir. Pero es un señor culto y toda su obra se inspira en Francia. Tras conocer Olite, manda a buscar a los mejores canteros y carpinteros para hacer el palacio. Quiere una corte a la francesa, donde se estudie y se cultive la paz, que es lo que hizo con todos sus reyes vecinos. Peri de Estella es el principal cantero de Carlos II –su padre, apodado 'el Malo'– y él se lo trae; para los carpinteros, contrata a grupos de moros que viven al sur de Navarra y que eran unos artistas con la madera. A todos les envía a viajar por Francia, para que visiten los castillos y las representaciones de las diferentes cortes. Tras su matrimonio con Leonor de Trastámara, también les pide que recorran las Castilla y que observen otros estilos, como el mudéjar. De este personaje, bien apodado 'el Noble', nace esta fantasía tan fantástica que hasta a Bécquer dejo prácticamente KO cuando la descubrió".

Las almenas y torres del Palacio de Olite recuerdan a los del Loira.

Las palabras de Javier Corcín resultan más reales cuando se escuchan con las torres que recuerdan a los castillos del Loira enfrente. El encuentro con el historiador se produce tras seguir por el palacio durante más de una hora a Beatriz, la guía, imaginando los dormitorios de Leonor  y sus salones cubiertos con cerámica, tapices de Chipre y Turquía; escuchando el sonido de los relojes que coleccionaba su marido, el alabastro que cubría las ventanas para protegerse del viento del Norte o el lugar donde estuvo 'El Salón de los Ángeles', con diez parejas de angelotes que sujetaban los escudos de los Champaña y los Trastámara. El tiempo se detiene y comprendes por qué Corcín cita a Bécquer.

Los niños juegan en la plaza y los alrededores del Palacio, como viene haciéndose desde hace siglos.

En la crónica del viaje que tiene este maestro del autor de Rimas y Leyendas –'El castillo real de Olite', que publicó el periódico El Museo Universal el 11 de marzo de 1866– el poeta sevillano cae fascinado por el palacio y su rey, otro romántico fuera de su tiempo. "Fácilmente se reconstruyen los derruidos torreones, se levantan como por encanto los muros, cruje el puente levadizo bajo el herrado casco de los corceles de la regia cabalgata". La imaginación del escritor cabalga unas décadas después de que Espoz y Mina quemara el lugar para que los franceses no se hicieran fuertes dentro, allá por 1812. "En mi opinión –cuenta Corcín– fue una medida totalmente innecesaria. Incluso diría que algo vengativa contra lo que el castillo representaba en el ideario de aquel militar. Los de Napoleón estaban en Pamplona y no era fácil que llegaran hasta aquí".

El zoo y las pajareras se mezclaban con los jardines, compitiendo en belleza con las mejores cortes de Europa.

A ese lamento contra la destrucción del palacio por la tropa del guerrillero navarro se une el de la austera reconstrucción del mismo. Para el historiador, tras el enorme coste de la rehabilitación se debían de haber vestido las salas principales, de forma que ayuden al viajero a recrear aquella época, algo muy útil para adultos, estudiantes y niños. Aún así, el resultado es tan bello que la imaginación se pone en marcha con facilidad. "Carlos 'el Noble' personifica el personaje diplomático que odiaba las guerras. Gobernó Navarra siempre en paz, en contraste con las otras cortes de su alrededor, siempre guerreando por conquistar más territorios. Fue un hombre culto y viajado. Tras su boda con Leonor y antes de regresar a Olite, peregrinó desde el Ródano hasta Compostela. Luego regresa y retoma la historia de amor con Leonor, con quien le habían casado cuando él tenía 13 años y ella 14. En parte, la reconquista, porque ella se encuentra con un castillo y una corte de cuento de hadas".

Detalle de las hojas de parra y racimos de uva en el frontal de la iglesia de Santa María.

Hasta aquí, el aperitivo para llevar los pasos a Olite. Pero hay más. Para Corcín, la visita a esta villa Navarra –denominación de origen del vino del viejo reino– debería comenzar por la máscara del Greenman, que tiene al maestro enamorado. "La visita habría que empezarla por la iglesia de Santa María y la máscara de la Primavera. El Greenman es un elemento precristiano y para los católicos era como Jesús: el resurgir de la vida. Está situada encima del ángel de la coronación de la Virgen, una auténtica joya. Iglesia y fachada, los frisos y relieves con las hojas de las viñas y los racimos de uvas... todo es un tesoro".

Olite, capital del vino de Navarra 

Pero la villa que Carlos 'el Noble', su hija Blanca y su nieto el Príncipe de Viana pusieron en las páginas de la historia de España y de Europa, es mucho más que un palacio restaurado y un Parador que ocupa el castillo viejo. Es una tierra de viñas desde la época de los romanos, de vendimiadores y bodegas. Olite es Denominación de Origen del vino de Navarra y su cofradía, en la señorial Rúa Mayor, ocupa otra de las casas-palacio a visitar.

Mari Carmen, en su vinoteca, muestra algunos de los mejores vinos de la zona.

En una de las calles cercanas a la plaza Teobaldos se encuentra la vinoteca de Mari Carmen, 'Algarra', en la que se pueden encontrar vinos de la zona y charla. "Abrí la vinoteca con cuatro cosas –vino, espárragos, pimientos del piquillos, pacharán y queso del roncal– y hemos aguantado la crisis como hemos podido, pero mejor que en otros sitios. Mi marido, Julián Algarra, estudió historia, pero al final decidió ponerse con las bodegas. Le gusta".

Mari Carmen reconoce que vende la mitad de lo que vendía antes de la crisis. "Ahora para que se lleven una botella por encima de los 15 euros, cuesta mucho. Hace unos años, por ejemplo en vísperas de San Fermín, la gente se llevaba el moscatel por cajas, a 60 euros", remata la dicharachera vendedora. Este otoño son sobre todo turistas franceses e ingleses los que entran en su tienda, una de las más veteranas de la villa. De Olite es "el mejor moscatel del país", aseguran en la terraza de la plaza los paisanos y pocos enólogos lo discutirían. El de 'Ochoa' está reconocido como uno de los mejores del mundo y en el pueblo hay una gran variedad de bodegas privadas y cooperativas, tan arraigadas en la comarca.

Los productos regionales pueden encontrarse en cualquier rincón de la villa.

Un pueblo con tasa de natalidad alta

La localidad "es un pueblo repleto de niños, muy alegre. Fijaos en que yo doy catequesis y tengo más de 220 alumnos", apunta, feliz, María Jesús, la catequista que tiene una tienda de chuches y recuerdos frente al palacio, donde se pueden comprar los petos de la orden de Santiago o de Cruzados –"que hago yo misma, que conste"–, amén de espadas y demás enseres necesarios para la vida caballeresca. 

La villa de Carlos III 'el Noble' y del Vino de Navarra está a una distancia aceptable de varias ciudades del interior de la Península, lo que la convierte en un destino asequible para un buen fin de semana. "Olite se merece un día completo al menos. Luego, enfrente está Ujué y desde ahí se puede empezar un itinerario del románico más puro: San Martín de Unx, Olleta, Echano, Cataláin y Orisoain, el monasterio cisterciense de La Oliva...", recomienda Corcín. La ruta la enumera el maestro sin pestañear. La tiene grabada en la memoria de las veces que ha escrito o dado conferencias sobre ella. De hecho, su memorable folleto De paseo por Olite, con dibujos de Rodolfo Cardiel y un papel de los de antes, de lujo, debería ser manual de la zona.

Las leyendas de Navarra están presentes en todas las esquinas.

Para comer

Un clásico en la villa es 'Casa Zanito' (c/ Mayor, 16). Por 25 euros ofrece un menú más que aceptable. Regentado por los hijos y las nietas del fundador, el trato es agradable, gracias a Pilar en el comedor y Conchi en la cocina. "Zanito es un apellido judío. Aquí hubo una judería importante", explica Pilar mientras ofrece un irlandés de hongos y un risotto de perdiz. El pasado hebreo es tan importante que en los archivos de la villa aparecieron varias páginas de 'La Torá' que envolvían otro libro y que ahora se exponen.

Irlandés de hongos en Casa Zanito.

Olite es un pozo de sorpresas, pero excelentemente documentado gracias a aquellos administradores y contables que durante el reinado de Carlos III, Blanca de Navarra y el Príncipe de Viana apuntaron con minucia lo que costaba desde las porcelanas a los tapices, los animales exóticos o los sacos de grano. Saber que el detalle de esos escritos está en los archivos ayuda a confirmar que a veces –pocas– el sueño más fantástico puede convertirse en realidad.

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