Establecimientos gastrónomicos más buscados
Lugares de interés más visitados
Lo sentimos, no hay resultados para tu búsqueda. ¡Prueba otra vez!
Añadir evento al calendario
Entre los árboles, un chaval ha instalado una hamaca a la sombra. Se balancea con calma, ajeno a todo lo que no sea descansar con la mirada perdida en el bosque. Cerca, una pareja, ya jubilada, nada con lentitud entre adelfas, olmos y sauces. Más abajo un perro juguetea con un palo mientras chapotea feliz. De fondo, siempre, el rumor del agua, la del río Turón, que baja hasta una pequeña represa que alimenta a una acequia de regadío. Allí hay decenas de peces, una frondosa vegetación y un pequeño grupo de personas que ha acudido a darse un baño a un paso del Parque Nacional Sierra de las Nieves.
La escena se repite prácticamente a diario en el dique del río Turón, cuya ribera cuenta con un sendero apto para una experiencia en familia. Se ubica a las afueras del municipio malagueño de El Burgo, que ronda los 2.000 habitantes. Es un pueblo blanco, sencillo, cuyo urbanismo sube y baja entre cuestas. A un lado, hacia la ermita de San Sebastián. Al otro, hacia la parroquia de La Encarnación, cuya puerta lateral esconde ostras del Mioceno según recoge un estudio publicado por la Sociedad Geológica de España. Cerca están también los restos del castillo medieval de Miraflores, cuyos muros se integran entre las viviendas de fachadas encaladas. Las callejuelas, con algún que otro mirador, se despliegan en un entorno privilegiado, repleto de verde y con el pinsapar de Yunquera a escasos kilómetros como gran singularidad.
La agricultura ha llevado tradicionalmente el peso de la economía en esta zona gracias al agua del arroyo de la Almenara y, sobre todo, la del Turón, que nace ya en Parque Nacional en el corazón de la impresionante montaña caliza que se levanta casi 2.000 metros de altitud en su punto más alto, la cota del pico Torrecilla. Es el río que, además de vida, ofrece un atractivo paseo por su ribera salpicado de pequeños remansos donde los residentes acuden a refrescarse cada verano. Y que, un poco más arriba, alcanza dos grandes zonas con agua cristalina donde dejarse llevar para desconectar de todo. Incluso del calor. “Ambas tienen diques de contención que se construyeron para apaciguar las aguas en épocas de crecidas después de que en el siglo XX hubiera una gran inundación que arrasó las vegas aledañas y destruyó varios molinos”, cuenta Rafael Flores, que se conoce al dedillo este territorio y que guía a muchos senderistas por él con su empresa de turismo activo RF Natura.
La pista de tierra que permite dejar el coche junto a las zonas de baño cierra en verano para evitar la masificación y, sobre todo, disminuir el riesgo de incendio. Por eso la mejor opción es aparcar a las afueras del pueblo, en el entorno bajo el Puente Nuevo, incluido en la carretera A-366 que va camino de Ronda. Allí, a pies del Turón, arranca un sendero fluvial bautizado como Manolo ‘El Cantaor’ donde un cartel informativo recuerda la relevancia del enclave: este es uno de los ríos mejor conservados de toda la provincia de Málaga. Como consecuencia, aún conserva arbustos de mimbre y en sus aguas se pueden ver ejemplares de nutria, mamífero cada vez menos frecuente en estos cauces.
La caminata arranca en una senda ancha que combina el bosque de ribera –con altos chopos y fresnos que dan sombra junto a zarzas repletas de moras y la increíble frescura que regalan las higueras silvestres– con un paisaje agrícola esculpido por el hombre con huertas, maizales, olivares y frutales como el nogal. A los pocos minutos se alcanzan ya dos espacios señalizados para darse un chapuzón, pero merece la pena seguir avanzando por un camino que se estrecha poco a poco y que no se desvía nunca del río, aunque existe una alternativa que sube una pequeña colina. Allí hay un bonito mirador donde observar los bosques de pino carrasco, quejigos y encinas que rodean la zona. En el cielo son frecuentes las rapaces, como el elegante buitre leonado.
Ambos caminos acaban –una media hora después– en El Dique, vieja presa con cuatro caños que permiten pasar el agua para llenar una amplia poza de color verde oscuro. Es, sin duda, el momento de quitarse las zapatillas, calzarse los escarpines y disfrutar refrescante agua dulce. A su alrededor, las flores de las adelfas dan color entre libélulas. Álamos, olmos y sauces dan sombra para alejarse del calor mientras que el tomillo aromatiza el aire al tiempo que atrae, con sus flores, a las mariposas.
Cruzar la represa hacia la pista forestal permite continuar unos metros más arriba, donde apenas dos minutos más tarde aparece un pequeño claro con taburetes y mesas de madera, espacio para poner una hamaca y un pequeño muro que consigue amansar el caudal. Allí, decenas de pequeños peces disfrutan del agua limpia, transparente, cuya tonalidad cambia del turquesa al esmeralda según le dé el sol. Merece la pena nadar, en silencio, para saborear cada metro de este rincón. Y para los más atrevidos, una cuerda permite escalar un poco y después saltar al cauce ante la mirada de algún martín pescador. “Estas dos son las pozas más demandadas”, subraya Mariló Narváez, alcaldesa de El Burgo que pide, eso sí, que cada cual se lleve su basura, que los perros no estén sueltos y que haya civismo. “Los fines de semana viene mucha gente y todos debemos cuidar del entorno”, subraya.
Estos charcos forman el lugar más recomendable para pasar la jornada. Y, aunque hay opción de continuar lo ideal es ya no bajar más al cauce. El Alto Turón está declarado Reserva Natural Fluvial por el Ministerio de Transición Ecológica gracias a la escasa influencia del ser humano en su curso, lo que le hace presentar un “buen estado ecológico”, según el propio Gobierno. Y es mejor dejarlo así porque ahí precisamente es donde se refugian la mayoría de ejemplares de nutrias, garzas o los cangrejos autóctonos. También truchas o un pez, el cacho malagueño, que solo se puede ver en ríos de la provincia de Málaga y Cádiz.
Más arriba, la zona ofrece otras rutas que permiten disfrutar del senderismo, incluidas en la Gran Senda de Málaga. Una de ellas es la que continúa hacia el nacimiento del río, con cuatro miradores por el camino, una vieja era junto a lo que era un molino para moler trigo y un recorrido circular que se puede alargar hasta 25 kilómetros. Eso sí, en verano y lejos del agua, es recomendable evitar largas distancias porque las temperaturas suben fácilmente de los 35 grados casi a diario, así que es mejor dejarlo para el otoño, temporada en la que el cornicabral que esconden estas montañas viste de tonos ocres la sierra. A cambio, en temporada estival hay opciones más frescas como subir –ya en coche y por la carretera A-366 hacia Ronda– para hacer parada en el Mirador del Guarda Forestal, con una completa panorámica sobre todo el entorno natural.
De vuelta a El Burgo, el chef Juanjo Duarte dirige la cocina del restaurante Rúnico, ubicado en el hotel La Casa Grande. El primero es perfecto para saborear la gastronomía local y el segundo, para descansar. Más allá, los pueblos del entorno cuentan con distintos Soletes Guía Repsol, como la Fonda Pepa (Ardales) o Enebro y La Lola (Tolox). Y, si no, siempre queda la opción de echar un bocata, algo de picoteo y dejar pasar las horas junto a las aguas transparentes del río Turón.
En general... ¿cómo valorarías la web de Guía Repsol?
Dinos qué opinas para poder mejorar tu experiencia
¡Gracias por tu ayuda!
La tendremos en cuenta para hacer de Guía Repsol un lugar por el que querrás brindar. ¡Chin, chin!