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El entorno despista un poco: tiendas de artículos de playa, apartamentos, varias confiterías con solera donde ofrecen horchatas y cafés, un par de casas de veraneo de finales del siglo XIX y alguna heladería. Al fondo, el paseo marítimo y la arena. Nada hace presagiar que el restaurante Carmen Playa (el nombre tampoco ayuda), sirva elaboraciones de alta cocina, aves de caza y productos de temporada que aparecen y desaparecen de un menú que se ajusta cada semana.
“Hacemos pichones a 30 segundos andando de la playa; esto no tiene sentido ninguno. Pero, como la comida está buena y lo que hacemos aquí no es habitual, ha ido gustando”, afirma Javier Zapata, chef y copropietario de este restaurante en Santiago de la Ribera (Murcia), quien aún se muestra sorprendido por el éxito. Sin embargo, él es uno de los chefs más reconocidos y nombrados por sus colegas en la región y Carmen, la hermana menor, se está convirtiendo en una de las sumilleres con más prestigio.
De hecho, al Carmen Playa se suele ir por recomendación. En la ciudad de Murcia se habla de una explosión de talento gastronómico, con chefs jóvenes como Samuel Ruiz, del Café Verónicas; David López, de Local de Ensayo; o Alberto Pardo, de Polea; pero esto es Santiago de la Ribera, a cincuenta kilómetros de la capital de la provincia y a orillas del Mar Menor, y quien viene lo hace para darse un baño… o porque todos los cocineros citados, y muchos de los paladares más exigentes de la región, suelen incluir este restaurante de sala pequeña y ubicación casi incoherente en todas sus quinielas.
La historia de Javier tampoco es convencional. Hijo de un agricultor que actualmente le sirve productos frescos, como piparras y brevas en temporada, se marchó a Londres hace más de diez años dispuesto a trabajar en cualquier cocina. Su currículo casi parece una novela: hay cambios de rumbo, varios personajes que serán fundamentales en su trayectoria y algo de picardía.
Llegó al Soho londinense sin saber inglés, y se puso a preparar burritos en un puesto callejero. Después, fue contratado en un Estrella Michelín, donde pasó la prueba “sin apenas experiencia, pero la mentira duró un mes”. Y, tras un breve regreso a España, el golpe de suerte: conoció a Angela Hartnett (popular chef británica, dueña de Murano, un italiano en la capital británica), trabajó en su restaurante y, algo después, en el de Neil Borthwick, su marido, que fue segundo de cocina del legendario chef francés Michel Bras.
Bajo su tutela, en un entorno de máxima exigencia (“de vez en cuando me escondía desesperado en una esquina, pero hasta de esos momentos aprendía”), Javier “se hizo cocinero”, según recuerda con cariño. Después se marchó a Bangkok, donde pasó más de un año trabajando en Bo.lan, con la intención de aprender los secretos de la cocina tailandesa. Y todavía vivió otra temporada en Londres, trabajando en The Clove Club, donde consiguió dominar la charcutería, la mantequilla y el pan de masa madre.
Tras un recorrido así, abre Carmen Playa en 2019, en un local modesto, con capacidad para unos cincuenta comensales por servicio, que permitió a los hermanos iniciar su aventura con todo bajo control, sin demasiadas trabas y con una cocina a la vista que terminaría formando parte de la identidad del restaurante. La carta, que varía semanalmente, crece alrededor de dos ejes: la trayectoria de Javier y, también, su pasión por las carnes de caza. De este modo, los entrantes son ligeros: gazpacho de cerezas con pesto de nueces, piparras fritas cultivadas en la finca familiar (con semillas traídas del Norte peninsular), gildas (una de las piezas fijas en la propuesta) con una base de leche de tigre, ají amarillo y lima kaffir, o unas sorprendentes patatas bravas con bonito.
En cuanto a las carnes y principales, aquí no hay compromisos: todo el producto es de primera. Por ejemplo, el proveedor de las aves de caza y de maíz es el casi legendario Higinio Gómez, que desde el madrileño Mercado de Vallehermoso surte a este establecimiento de pichón o de pato azulón. El pichón a la brasa se sirve acompañado de brevas y setas chantarelas o rebozuelos; y de más lejos llega el chili lobster, con un punto picante e inspirado en los bocadillos de langosta típicos de Singapur. Pero la estrella de la carta, ese “plato del que nadie se cansa”, en palabras de Carmen, es el sándwich de foie. Ese foie ecológico que es otra de las maravillas de Higinio y que, en este caso, se derrite sobre una pieza de solomillo y una capa de membrillo, que aporta un toque dulce. Cada bocado explota.
Si la carta, como vemos, es contundente, la bodega no lo es menos. Aquí, el vino y el champán no son meros acompañamientos, sino una parte esencial de la propuesta de los hermanos Zapata, quienes están constantemente pensando en la selección de su bodega. De hecho, uno de los elementos decorativos más característicos del local es un mapa de la región de Champaña, en Francia, regalado por el Comité del Champán: una pieza difícil de conseguir, que los productores de esta bebida sólo entregan a quienes les visitan personalmente para interesarse por su producción.
Carmen planea cada año uno o dos viajes para explorar culturas gastronómicas y vinícolas y, así, han establecido lazos con pequeños productores de vino desde La Rioja hasta el Piamonte. Pasando, claro, por referencias locales, como todas las procedentes de Bullas. De nuevo acogedores y transparentes, los hermanos aclaran que el vino o el champán siempre son una parte importante del ticket, así que, de media, este puede oscilar entre los 50 y los 100 euros, dependiendo del maridaje.
Sin embargo, las reseñas coinciden: aquí no hay trampas ni postureo, sólo técnica y buen producto. Esa es una combinación que, finalmente, tiene sentido en cualquier momento y cualquier lugar.
RESTAURANTE CARMEN PLAYA. Avenida Sandoval, 16 (Santiago de la Ribera, Murcia). Tel. 622 876 339
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