A Gudiña

A Gudiña

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Un lugar por el que todo el mundo pasa y que sin embargo casi nadie conoce. A lo largo de la historia siempre bien comunicada, A Gudiña está aguardando casi a la puerta de Castilla, y ha brindado fonda (y hoy servido gasolina) a todo el que cruzaba los límites de Galicia por el sureste camino, por ejemplo, de Madrid, que está a cuatro horas. Las infraestructuras han condenado a A Gudiña a ocupar el papel de primera parada, a ser ese típico lugar donde los viajeros hacen un alto para estirar las piernas con la excusa de que Galicia se acaba, o empieza. Pero los paisajes de montaña de este Ayuntamiento situado a más de 800 metros de altitud merecen algo más de atención.

A Gudiña es fin y principio de etapa de la ruta peregrina que discurre por la Vía de la Plata. El caminante llega desde Lubián (Zamora), y al día siguiente toma rumbo muy temprano hacia Laza (Ourense). El que la hace en bicicleta prefiere muchas veces la variante más cómoda que va en dirección a Verín. La toponimia de la primera de estas rutas habla por sí sola del papel de parada y fonda que ocupó A Gudiña a lo largo de la historia: una sucesión de pueblos llevan la palabra Venda (venta) en su nombre. Un comentario habitual entre los peregrinos es el de que esta, la de A Gudiña a Laza pasando por Campobecerros, es probablemente la etapa más bonita del tramo gallego de la Vía de la Plata desde el punto de vista paisajístico.

Las vistas son espectaculares. Desde el alto de O Testeiro se vislumbran los montes del parque natural de O Invernadeiro (Vilariño de Conso), Manzaneda o los Montes de Portugal. Otro de los grandes paisajes que se avistan es el embalse de Portas (también ya en el término de Vilariño), uno de los más altos de Galicia. La sierra de A Urdiñeira, al oeste, separa A Gudiña de Riós y guarda cuevas en su vientre. Los parajes cambian de color varias veces al año; con la primavera, con el otoño, con las nieves que aquí caen con frecuencia.

Además, en estos confines abundan los ríos saltarines: el Camba, afluente del Sil, y unos cuantos tributarios de la cuenca del Duero, ya en Portugal. En el río Pentes, cerca del pueblo que lleva el mismo nombre, hay cascadas, molinos y una serie de grutas que tienen que ver con la actividad minera. Estas labores extractivas han dado lugar a enclaves espectaculares, debido a la erosión artificial y a las perforaciones para desviar el agua, desde tiempos de los romanos. Un ejemplo son las antiguas minas de wolframio y estaño de Valgrande (Penafurada), dentro del LIC (Lugar de Interés Comunitario) de Pena Maseira.

Cerca del pueblo de A Gudiña hay una playa fluvial. Y en la localidad se conservan las dos iglesias más importantes del municipio, la de San Pedro y la de San Martiño, ambas construidas entre los siglos XVII y XVIII. Merece también la pena una visita la capilla de A Barxa, en especial por la belleza natural de unos paisajes donde los ríos encajonados entre rocas, la vegetación de ribera, los viejos castaños (la castaña de A Gudiña es muy apreciada) y en general las especies frondosas siguen ganando la guerra a las foráneas, como el eucalipto, que ya invade buena parte de Galicia.

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