Limitando con la Sierra de Caracuel, que la separa del río Guadiana, y en pleno valle del Tirteafuera, Abenójar tiene el honor de ser uno de los pueblos más antiguos de la provincia de Ciudad Real. Además de conservar algunos vestigios romanos, esta pequeña localidad manchega fue tierra de paso para los viajeros, tratantes y arrieros que iban hacia Andalucía.

En sus calles sobresale la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de estilo barroco con planta de cruz griega, que fue mandada construir por el infante Carlos María Isidro, hijo de Carlos IV. También destacan el Ayuntamiento, del siglo XIX, y la Almazara el Pallarés, un interesante ejemplo de arquitectura industrial en torno a la producción de aceite.

Aunque en realidad el principal atractivo de Abenójar es su entorno natural, con parajes tan espectaculares como la Dehesa Boyal o la Cueva de los Muñecos, que merece una excursión para ver sus estalactitas y estalagmitas con las formas que le dan nombre.

La Laguna Volcánica de Michos es otro de los reclamos de Abenójar. Sus aguas ocupan un cráter de 550 metros de diámetro formado por una explosión volcánica. Además de la belleza del paraje, la zona está habitada por linces ibéricos, águilas imperiales o buitres negros.

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