Canet d'En Berenguer

Vacaciones en el mar

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El olor a azahar nos invade. Nos encontramos a cinco kilómetros de Sagunto. Tan cerca pero tan lejos. La zona más urbanizada de Canet d’en Berenguer se sitúa a 1 km de la playa. La forma más bonita de llegar es atravesando caminos rurales llenos de plantaciones que ofrecen las siempre exquisitas naranjas valencianas. Por fin, llegamos, nos rodean amplísimas avenidas cuidadosamente asfaltadas. Un carril bici nos alerta. ¡Cuidado! Hay dos tipos de edificios: los tradicionales, bajos y rojos alrededor de patios, y los altos de llamativas terrazas para poder ver el mar. A cada poco aparece una palmera. En cierto momento del día paramos para comer junto al parque municipal, acondicionado con árboles tropicales para el paseo y el relax.
Tras un buen rato admirando la iglesia parroquial de Sant Pere, que sabe conjugar los adornos sobrios con las curvas en sus techos; recordamos que hay una visita imprescindible que hacer: el paseo marítimo. Parece inacabable de tan largo, con sus chiringuitos, bares, puestos de animación y venta. Al sentarnos en un banco podemos ver una panorámica de la incomparable playa de Canet: arena blanca con algunas matas verdes de hierba salvaje, aguas tranquilas, gente tomando el sol o haciendo deportes acuáticos, niños jugando a los castillitos, cogiendo conchas o tirándose cubos de agua, etc. Seguimos un rato más hasta encontrar el mirador del Club Náutico. Se trata del mejor lugar para ver el mar, los cambios de color del horizonte, las lanchas y barcos privados del puerto, así el paseo marítimo se convierte en el centro social de la localidad. El pueblo sufre una mutación entre luces de colores, terrazas y diversión juvenil. Al fondo de la playa se ve el símbolo de la localidad: el faro centenario de Canet. Al vérsele desde tan lejos, su luz parece la de la aureola de un ángel de la guarda.

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