El Pla de Santa Maria

Destino de turismo industrial, etnológico e histórico

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Deambulando por las calles de El Pla –como se suele denominar a esta población– es distinguible a simple vista su pasado medieval. En la calle Major se observan los antiguos portales que cerraban la villa y varias casas solariegas con portalones de piedra. También en esta misma vía se conservan algunas fachadas con esgrafiados geométricos de los siglos XVII y XVIII, como en Cal Rubinat, Cal Llovereta, Cal Rosell o en Cal Mitger. A un paso queda la Iglesia Parroquial de Santa María, del siglo XVIII, con fachada decorada y un gran campanario de planta cuadrada rematado por un torreón octogonal.

Muy cerca del Ayuntamiento, y como una reliquia viva del pasado, está Cal Carreter, donde se sigue poniendo en práctica el antiguo oficio de carretero. Actualmente en este taller se restauran carruajes y se elaboran miniaturas de carros y herramientas del campo. La guinda del patrimonio cultural de El Pla es la pequeña Iglesia de Sant Ramon, románica, construida a finales del siglo XII y que tiene una preciosa portalada escultórica. Es el ejemplar románico más interesante de la Ruta del Císter, después de los tres monasterios cistercienses, obviamente. En su interior se encuentra un órgano de 1876 que fue adquirido en Bélgica y que se convierte en el gran protagonista de los conciertos veraniegos.

Un buen aliciente para recorrer los alrededores de esta población del Alto Campo es seguir la llamada Ruta de la Capona que, a través de senderos señalizados, conduce al visitante a descubrir el valioso patrimonio de construcción de piedra seca. A lo largo de dos kilómetros por un camino llano aparecen barracas, márgenes, escondrijos y el Cossiol del Soleta, una construcción destinada al aprovechamiento del agua de la lluvia, muy singular por su originalidad y belleza.

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