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Jaurrieta

Hidalguía en cada casa

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En pocos lugares tendremos la sensación de estar rodeados de tanta nobleza como cuando pisemos Jaurrieta y vayamos encontrándonos con sus distinguidos vecinos. Esos que, por mandato real, ostentan desde 1469 el título de hidalgos y que, casi un siglo después, obtuvieron su propio escudo de armas de manos de otro rey, confirmando un carácter nobiliario que el aire parece llevar a cada rincón de este municipio del Valle de Salazar y a sus bellos enclaves naturales llenos de pinos, robles y hayas, y que se eleva hasta el balcón de Beiegu.
Una hidalguía puesta a prueba en varias ocasiones, como en los famosos juicios por brujería del s. XVI, en los que fue juzgada una de sus vecinas o durante el incendio que acabó con más de la mitad de las casas de la villa en 1880 y que obligó a reedificar la iglesia de El Salvador, símbolo religioso del municipio con permiso de la románica ermita de la Virgen Blanca, muy querida entre los habitantes del pueblo, que han sabido dar protagonismo a las dos en la romería de la Virgen Blanca, cuando la imagen de la Virgen sale del templo parroquial para llegar al santuario que lleva su nombre, donde recibe un homenaje en forma de Axuri Baltza, un baile tradicional del municipio.
 

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