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La Canonja

El municipio 947

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Un grupo de mujeres, de avanzada edad, se dirigen a la plaza del pueblo. Podría tratarse de un día cualquiera, un paseo más para reunirse y charlar un rato, pero no lo es, sus pañuelos amarillos anudados al cuello las delatan. Aún no se lo creen, toda su vida ha trascurrido en un barrio de Tarragona que, ahora, acaba de convertirse en pueblo. Es jueves, 15 de abril de 2010, fecha en la que el Parlamento catalán aprobó por unanimidad la segregación de La Canonja de Tarragona. Sólo tres kilómetros las separan pero, a partir de ese momento, la antigua pedanía volvía a tener entidad propia y pasaba a convertirse en el municipio 947, el más reciente de Cataluña.

Desde entonces, las dos iglesias del ya pueblo, Virgen de la Esperanza y San Sebastián, repican sus campanas en esa fecha primaveral, mientras los fuegos artificiales alumbran el yacimiento del barranco de la Boella, que contempla, desde sus asombrosos “un millón de años” de antigüedad, la nueva historia que comienza para La Canonja. Fuegos de colores que indican el camino hacia la plaza a los vecinos que han querido seguir, desde la pantalla gigante instalada en el viejo castillo de Masricart, un día lleno de emociones.

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