¿Aquella mole rocosa que se perfila al fondo, la veis? Sí, claro. ¿A los pies de la Sierra de Cazorla...? El Castillo de La Iruela os da la bienvenida a su municipio. Explorad sus calles despacio, tienen mucha historia islámica que contar; adentraros sin prisa en la peña, los olivos, bosques de pinos y en las panorámicas que alfombran su entorno, un cielo vegetal teñido de verde. Porque  habéis llegado a un lugar a la altura del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, por tanto es normal que lo bonito, interesante y acogedor lo encontréis también en la Casa Consistorial, la Fuente del Molino, los miradores del Guadalquivir; que se repita en cada una de las esquinas del Castillo con su vecina torre de vigilancia, en los recovecos de los restos de la iglesia de Santo Domingo de Silos o la iglesia de la Inmaculada Concepción, la ermita de los Desamparados, entre otros; y que se represente en el auditorio al aire libre. Un puente romano, un paredón de un torreón, presencia del Cañamales... La Iruela no conoce la palabra fealdad, desconoce lo soso y os invita de mil amores a  que lo comprobéis en su repostería y gastronomía de borrachuelos, flores de lis, roscos de baño, roscos fritos, ajo-pan y ajo-aserraores, y en sus festejos veraniegos a Nuestra Señora de los Desamparados, su octubre, a la Romería de San Martín; su diciembre, a Santo Domingo de Silos y a la Purísima Concepción... Dejando, eso sí, a San Antón, encargado de empezar la ronda festiva en enero.

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