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Larouco

Las sinuosas curvas de los romanos

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Al llegar a Larouco avanzando en las obras de la Vía Nova entre Astorga y Braga, los romanos se encontraron con una molesto inconveniente. El paisaje de vertiginosas pendientes y valles conquistados por los ríos puso a prueba su pericia ingenieril una vez más, pero con el paso de los milenios la obra que acometieron se ha convertido en el símbolo de este ayuntamiento de Valdeorras. Hoy que la calzada ha sido sustituida, casi con el mismo trazado, por la carretera que lleva a Trives, los conocidos como Codos de Larouco son la serpiente sinuosa que salva valles y atraviesa montañas a media ladera ofreciendo un espectáculo único. La vía cruza el río Bibei, afluente que cabalga intrépido hacia el Sil, a través de un puente que resiste desde la romanización.

El puente del río Bibei mide 75 metros de largo por 22 de alto en su cota máxima, y aunque se construyó en tiempos de Trajano y ha soportado siglos de trasiego, sigue sosteniéndose en pie, con los pilares asentados sobre la roca viva del cauce. Cerca del puente, un miliario más alto que una persona marca distancias desde el siglo I.

Además del Bibei, el Sil y el Xares son los ríos que marcan los profundos valles de Larouco, un paisaje donde conviven especies autóctonas como los castaños y robles con otras más mediterráneas como el romero, el tomillo, los alcornoques y los olivares que acompañan desde antiguo los viñedos. Las vides de uva blanca y tinta se cultivan en terrazas en las pendientes laderas tendidas al sol, y dan lugar a los caldos de la Denominación de Origen Valdeorras, una de las más antiguas y con más siglos de historia de Galicia.

Este pasado milenario tiene además como testigos castros prerromanos como O Castrillón, O Alto do Viso y Cabanales, en la localidad de Seadur, entre los términos de Petín y Larouco. Éste último asentamiento castreño conserva un foso y un parapeto de piedras graníticas de enormes dimensiones, y al norte está protegido por la inmensidad del precipicio natural sobre el Sil. Las vistas desde allí alcanzan el gran valle lleno de luz que se abre entre las montañas de Petín y A Rúa. Dando un paso más en las etapas de la historia, los actuales enclaves de O Pombal, O Poulo y Seoana se construyeron sobre infraestructuras y poblados romanos, y han aparecido abundantes restos, incluidas estatuillas, ruedas de molino y piezas cerámicas.

En el citado pueblo de Seadur está una de las iglesias más interesantes del municipio, junto a la parroquial del propio Larouco, Santa María, de origen románico y fachada barroca, que perteneció a la Orden de San Juan de Jerusalén y tenía vinculada una abadía.

También en el extremo donde Larouco se aproxima a Petín, el municipio está bañado por el Embalse de San Martiño, cuya riqueza natural y ornitológica comparte con otros municipios vecinos. La impresionante naturaleza de altura y las espléndidas vistas que se tienden a sus pies han convertido este lugar en un referente para la práctica del parapente.

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