Medina de Rioseco

Recuerdos del esplendor de la India Chica

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El río Sequillo llama a las puertas de esta villa centenaria, que fue morada de Almirantes. Medina de Rioseco es una recia localidad castellana que cobija, tras su muralla, su impresionante herencia cultural. Dos vírgenes ocupan esa atalaya y deciden quién accede a los soportales de la calle Mayor a través de las puertas de Zamora y Ajújar. Son guardas y custodias de la espiritualidad que infunden las monumentales iglesias de Santa María de Mediavilla, con su impresionante capilla de los Benavente, conocida como la Capilla Sixtina castellana; la de Santiago Apóstol, la de Santa Cruz o la de San Francisco, que parecen reproducciones a menor escala de grandes catedrales. Aquí, el tambor del tapetán es el único sonido que se escucha en Semana Santa, cuando las calles enmudecen para presenciar un espectáculo de interés turístico internacional.
Son tierras atravesadas por el curso del Ramal de Campos del Canal de Castilla, que alberga en su dársena 7 un antiguo molino: la Fábrica de Harinas de San Antonio. Degustar las típicas Marinas de hojaldre, que sólo se fabrican en Medina de Rioseco, contemplando el colorido paisaje castellano y escuchando el murmullo del Río Sequillo es un placer pecaminoso que se puede expiar, subiendo a la ermita de Castilviejo o peregrinando al Convento de Santiago, para recibir la bendición del apóstol que preside la fachada -la localidad es una de las paradas preferidas de los peregrinos que emprenden el Camino de Santiago-. 

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