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Riudecanyes

Un paseo por la historia a través del Castillo-monasterio de Escornalbou

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La silueta del imponente y curioso edificio del Castillo-monasterio de Escornalbou preside esta pequeña y bonita población ubicada en las montañas de la Costa Dorada. El castillo es la seña de identidad de Riudecanyes. Se trata de una peculiar mansión señorial de principios del siglo XX, formada por los restos de dos edificios medievales: el Monasterio de Sant Miquel, fundado en 1153, y un castillo construido sobre los restos de una fortaleza romana. Su propietario, el diplomático, egiptólogo y filántropo Eduard Toda, siguió la moda de la época de convertir edificios históricos en residencias burguesas. El castillo de Escornalbou se halla en la montaña homónima, en cuya cima se visita la Ermita de Santa Bàrbara, desde donde se disfrutan de las mejores vistas de la comarca.

Además de la visita obligada a este conjunto monumental, es imprescindible un paseo por Riudecanyes, cuyas calles llevan por nombre los días de la semana, y la excursión al cercano pantano situado a 3,5 kilómetros de la población, un paraje de gran belleza e innumerables posibilidades excursionistas. La guinda a la visita es la gastronomía y, sobre todo, el aceite de oliva virgen extra del que Riudecanyes es gran productor. Un paseo por los campos de olivos centenarios, incluso milenarios, y una visita al Centro de Interpretación de los Frutos del Paisaje, situado en la antigua cooperativa agrícola, permiten catar el llamado oro líquido –aquí elaborado con aceitunas arbequinas de la Denominación de Origen de Siurana– y disfrutar de uno de los mejores productos de la tierra.

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