Talavera de la Reina

Templo mundial de la cerámica

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La geografía comete a veces injusticias históricas. Que Talavera de la Reina no sea capital de provincia es un ejemplo. Pero la sombra de Toledo en Castilla-La Mancha pesa demasiado y ha privado a Talavera de esa merecida condición. Dividida por el río Tajo, Talavera está unida por una sucesión de cuatro puentes que vertebran la ciudad. Desde el Puente Viejo –llamado Romano– hasta el Puente de Castilla-La Mancha, construido para el AVE, todos responden a distintos estilos arquitectónicos y necesidades históricas.

Los restos que aún perviven de las murallas, la Colegiata de Santa María la Mayor, la Basílica de Nuestra Señora del Prado, las Torres Albarranas, la Iglesia de Santiago el Nuevo o la Plaza de San Agustín son algunos de los rincones entrañables de una ciudad que hace cinco siglos encontró sus señas de identidad en la cerámica y la artesanía. Ni siquiera la completa destrucción de sus alfares y fábricas por el ejército francés entre 1810 y 1812 logró extirpar de Talavera su vocación alfarera. Su producción y distintos estilos y corrientes merecen toda una enciclopedia. Para acercarnos a ella, el Museo de Cerámica Ruiz de Luna rinde homenaje a uno de sus genios creadores. En la ciudad, los Jardines del Prado son un inmejorable exponente de esta tendencia artística, presente en fuentes, templetes y bancos.

Mención aparte merece la antigua Iglesia de San Salvador de los Caballeros, de estilo gótico-mudéjar del siglo XII. Fue sede del Tribunal Castellano en la Alta Edad Media, desde el cual se repartía justicia a los habitantes que estuviesen sujetos a fuero. La iglesia cesó sus actividades en 1981 y en 2015, tras una excelente restauración, reabrió sus puertas como centro cultural.

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