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Vilanova d'Escornalbou

Entre olivos y fantasías arquitectónicas

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En uno de los parajes más abruptos de las montañas de la Costa Dorada, en la comarca del Bajo Campo, se encuentra Vilanova d’Escornalbou, que incluye también el pequeño núcleo de L’Arbocet o L’Arboç. Desde lejos se reconoce un puñado de casas que rodean dos peculiares torres vigías muy bien conservadas; una redonda, llamada la Torratxa, donde según la tradición se hospedaban los cristianos. La otra, cuadrada, llamada Cal Gravat, habitada por sarracenos.

Siguiendo la ruta y a pocos kilómetros se llega a Vilanova, en cuyo centro, denominado el Castellet, se visita la Iglesia de Sant Joan, que data de los siglos XVI y XVII. También en el centro se encuentra Cal Peirí, una construcción de finales del siglo XVII con una torre de defensa, y algunas casas de los siglos XVIII y XIX con dovelas y portales de piedra roja. Dos edificios novecentistas llaman la atención: les Escoles Velles, de 1911, hoy restauradas para albergar dependencias municipales, y la Casa de la Familia Toda. Eduard Toda fue un filántropo, diplomático y egiptólogo que recuperó y edificó una peculiar mansión señorial a principios del siglo XX, formada por los restos de dos edificios medievales: el Monasterio de Sant Miquel, fundado en 1153, y un castillo construido sobre los restos de una fortaleza romana. Se trata del Castillo-monasterio de Escornalbou, situado a unos 6 kilómetros de Vilanova y que sin duda es una visita obligada.

En el municipio de Vilanova d’Escornalbou abundan los olivares y la producción de aceite es una de sus principales actividades. Para conocer mejor este mundo existe un museo y un centro de interpretación donde se ofrece una detallada explicación del proceso de obtención del aceite, básicamente de olivas arbequinas. El espacio también explica los paisajes agrícolas que rodean al municipio con sus típicos márgenes de piedra seca.

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