Basílica de Nuestra Señora del Pilar

Basílica de Nuestra Señora del Pilar

Sobre las orillas del Ebro se levanta majestuosa, imponente y bella la basílica de Nuestra Señora del Pilar. Como si quisiera proteger bajo su cobijo toda la ciudad de Zaragoza, la gran catedral, que se alzó como primer templo mariano de toda la cristiandad, hoy se ha convertido en la indiscutible madre y joya de la capital aragonesa. Siglos de construcción han hecho de este santuario uno de los más importantes del mundo. Bajo sus faldas, como si quisieramos hacerle una reverencia, la admiramos desde la plaza del Pilar. Cruzamos sus puertas para adentrarmos en su solemne interior. Nada más entrar respiramos un ambiente sereno en el que se puede contemplar su grandiosidad. Madre absoluta del templo, una talla de Nuestra Señora del Pilar preside la capilla central, alzada sobre la Santa Columna y abrazada por un camarín de plata. Su imagen de madera dorada, sobre un fondo de mármol verde y techo cubierto de joyas, que más que joyas parecen estrellas, se encuentra siempre bellísimamente adornada  con espectaculares alhajas y preciosos y antiquísimos mantones hechos a mano. Recorriendo su espacioso salón, dividido en tres naves, nos encontramos con la Santa Capilla, un lugar sagrado, en el que se funden todas las artes en una decoración repleta de imágenes y pinturas en honor a María.

Su altísima y envolvente cúpula está decorada con representaciones de la Venida de la Virgen, mientras que su altar tiene una ornamentación fuertemente clásica. Un retablo de alabastro, tesoro del templo, corona el altar Mayor de Nuestra Señora del Pilar. Frente a él contemplamos el Coro Mayor, un conjunto de sillería y órgano, hecho en madera de roble y protegido por una verja manierista, en la que se representa la vida de Cristo y de la Virgen. Otro de los grandes tesoros es una de las pinturas más bellas y espectaculares de Francisco de Goya, 'Regina Martyrum'. Alzamos la vista hasta la espectacular cúpula pintada por Goya y notamos cómo, con solo mirarla, un ambiente celestial envuelve y embriaga nuestros sentidos. En ella, el artista utiliza colores anaranjados, creando una hermosa iluminación del cielo en el que se puede ver a la Virgen María posada sobre un espacio celeste, rodeada de nubes y acompañada de ángeles y Santos. 

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