Al ver la sencillez que caracteriza a este edificio, adornado simplemente con detalles de estilo mudéjar, pocos podrían imaginar la riqueza arqueológica que atesora en su interior. Una vez estemos en la sala principal, dedicada a la arqueología, de un salto estaremos en el Neolítico, dando otro pasaremos a la Edad de Bronce, y con uno más en la época romana, y siempre contaremos con la opción de volver cuantas veces queramos conociendo, por ejemplo, los restos mineros procedentes de esta última época.Y ese conocimiento lo pone a disposición de todos, porque el interés por nuestro pasado no es cosa sólo de adultos ni de expertos. Así queda demostrado en este museo, en el que incluso los niños pequeños mediante las actividades que organiza, empezarán a entender parte de nuestros orígenes. Pero no es el único objeto de interés de este lugar. Además, también se dedica a las bellas artes, por lo que aloja pinturas y esculturas datadas desde el siglo XIII hasta principios del XX.