Cinco razones para vivir un Gran Premio de Moto GP

Marc Márquez y Dani Pedrosa dejan el asfalto y se asoman al circuito de Montmeló. Foto: Repsol.

Seas o no un loco de las dos ruedas, la experiencia de un Gran Premio de Moto GP es una de esas cosas que hay que hacer como mínimo una vez en la vida.

1. La emoción inesperada

Olvídate de lo que has visto hasta ahora en la televisión. Vivir un Gran Premio de Moto GP en directo es otro mundo. Seas o no un fanático de las motos, sentirás cómo se te corta la respiración en el momento en el que todos los pilotos arrancan sus motores en la parrilla de salida, o cuando luchan casi rozándose en cada curva apurando la frenada para conseguir esas milésimas de segundo que lo deciden todo. Se te pondrán los pelos de punta al ver cómo aceleran en la última recta antes de cruzar la meta, en la que pueden superar fácilmente los 300 kilómetros por hora. No eres consciente de la velocidad a la que ruedan hasta que no estás allí y eso te deja sin aliento.

2. El espíritu de la afición motera

Ir al circuito a un Gran Premio no consiste solo en sentarte en una grada o tribuna, ver la carrera de motos y marcharse a casa. Cada Gran Premio de motociclismo se convierte en el punto de encuentro de miles y miles de moteros de toda España y parte del mundo. Y eso se traduce en una festividad motera en la que personas que no se conocen de nada llegan a compartir un mismo sentimiento, sean de un equipo u otro, animen a Marc Márquez o a Valentino Rossi. El buen ambiente llena el circuito –imprescindible hacer la gran ola que recorre todo el circuito–, y también las calles colindantes y los pueblos de los alrededores, donde se organizan conciertos y actividades de diferente tipo en torno a las dos ruedas. Existe un gran compañerismo entre la afición e incluso se hacen nuevos amigos. Puedes ir en moto, coche o en transporte público, no podrás escapar del buen rollo.

3. Un escaparate de auténticas joyas moteras

Un Gran Premio es en sí mismo un gran escaparate motero donde los aficionados lucen sus mejores vehículos de dos ruedas. Hay motos de todos los tipos, colores y formas. Grandes y pequeñas, es difícil encontrar dos iguales, ya que cada motero personaliza la suya. Hay incluso quién aprovecha para quitarle el polvo a viejas reliquias y ponerse a rodar con ellas. Y no solo entre la afición. En los circuitos hay exposiciones de las propias marcas con sus últimos modelos, réplicas de las motos profesionales e incluso museos (como el Museo del Motor de Jerez), donde se exponen de forma permanente artículos de grandes pilotos del automovilismo.

Tres de las motos que utilizó Sito Pons, dos veces campeón del mundo con Honda. Foto: Almudena Martín..


4. Ver a los pilotos en carne y hueso

Si hay algo que le gusta a la afición motera es cuando los pilotos saludan a la afición. Bien cuando terminan los entrenamientos, después de los Warm Up, al finalizar la carrera o en el podio, no hay piloto que no haga algún tipo de guiño al público de las gradas. Y eso anima aún más el ambiente. Si tienes la suerte de acceder al Paddock –donde se encuentran los grandes trailers de los equipos– puedes toparte con algún piloto moviéndose por la zona en motocicleta o saliendo de su camión. Por supuesto, la hora de los autógrafos es otro momentazo para tener cerca a estos grandes deportistas.

5. Conducir en el circuito (de forma virtual)

El sueño de todo motero es rodar por el mismo asfalto por el que lo hacen sus ídolos. Algo reservado solo para unos pocos afortunados. La otra opción es hacerlo de forma virtual. En la mayoría de los Grandes Premios de Moto GP es fácil encontrar algún simulador de moto y automóvil que te reta a conducir por el mismo recorrido del circuito donde se celebran las carreras. Por unos minutos, podrás sentirte como un piloto profesional (guardando las distancias). Para los niños, y no tan niños, es un PLANAZO.