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En el Pazo de Oca (A Estrada, Pontevedra), el agua nunca calla. Brota en fuentes barrocas, se estanca en dos grandes lagos donde flotan barcas de piedra y se filtra entre los más de 600 ejemplares de camelia que pueblan sus 14 hectáreas de jardín, algunos con más de 300 años y ocho metros de altura. Todo aquí obedece a una idea del siglo XVIII que no ha dejado de cumplirse: construir un jardín donde el tiempo se comporte de otra manera.
Apodado el ‘Versalles gallego’ y considerado el más señorial y mejor conservado de los pazos gallegos, este monumento, que actualmente pertenece a los duques de Medinaceli, empezó su época de esplendor en 1720. El VI señor de Oca y la condesa de Amarante decidieron transformar una vieja fortaleza medieval en palacio y trasladaron las tendencias estéticas de la corte de Felipe V al valle del Ulla. El resultado fue una reinterpretación de la tradición paisajística francesa, que ha llegado casi intacta al día de hoy y que durante décadas ha sido escenario de producciones de cine y televisión como La Casa de la Troya (Alejandro Pérez Lugín), La piel que habito (Pedro Almodóvar) o Los Pazos de Ulloa (Gonzalo Suárez Morilla).
Los setos de boj recortados con precisión geométrica, los escudos heráldicos sobre la piedra o el laberinto que reproduce el trazado de la catedral de Canterbury son el lienzo perfecto para relatos televisivos y también para paseos sin prisa, tardes de desconexión descansando en alguno de sus bancos pétreos y evasión bajo la sombra de árboles centenarios.
Para descubrir esta unidad indisociable de agua, piedra y vegetación, los visitantes disponen de horarios adaptados a las estaciones: en verano (de abril a octubre) abre todos los días de 10:00 a 14:00 h y de 16:00 a 20:00 h, mientras que en invierno (de noviembre a marzo) el horario vespertino se adelanta de 15:00 a 19:00 h. A diario, se pueden recorrer sus famosos jardines (que forman parte de la Ruta de la Camelia y alcanzan su esplendor entre enero y abril), mientras que, para una experiencia más profunda, hay una visita completa, con reserva previa, que incluye el interior del palacio.
Esa misma agua que parece detenerse en los estanques de Oca es la que alimenta el pulso del Ulla, un río que da nombre y carácter a toda la comarca, el que ha ido dibujando a su paso viñedos, bosques de robles y oficios que llevan generaciones instalados en sus riberas. Un río que no sólo esculpe el paisaje de este valle de vegetación siempre verde, sino que conecta las historias de quienes habitan sus orillas.
En el municipio de Boqueixón (A Coruña), el restaurante O Balado (1 Sol Guía Repsol) recupera el sabor de la lareira y el producto de proximidad en una casa de labranza que Marta Fernández y Roberto Filgueira han recuperado para crear lo que definen como “cocina con alma”. Llegaron a este proyecto tras casi 20 años de éxitos en el mundo de la hostelería. Después de conocerse en el Hotel Palacio de Vigo, pusieron en marcha, con su socio y amigo Iñaki Bretal, el restaurante O Eirado da Leña (1 Sol), una tapería, un gastrobar y una empresa de eventos, pero, tras el nacimiento de sus hijos, decidieron dar un giro a sus vidas para “conciliar” lo laboral y lo familiar.
No se trata de un restaurante convencional, sino de un “proyecto vital” adaptado a su forma de vida. Con apenas cinco mesas, el espacio busca la intimidad y la calma. Es una extensión del hogar de sus dueños, donde la decoración cuenta la historia de varias generaciones. Explican con orgullo que lo viven como “recibir en nuestra casa” al comensal, rodeado de objetos con memoria: desde los manteles de la familia hasta la cerámica heredada de su abuela o muebles que su padre pensaba quemar y fueron restaurados con mimo.
La propuesta gastronómica gira en torno a la “brasa y la leña” y a la sensibilidad de Roberto frente al fuego. La cocina está marcada por el uso de la lareira y los ahumados, elementos que consideran parte de la “idiosincrasia gallega”, especialmente del interior. Entre sus platos más emblemáticos destaca la anguila ahumada, cuya textura y sabor son tan sorprendentes que Marta la describe como “comer un tocino de mar”.
Ese mismo impulso por convertir la pausa en experiencia se respira en el proyecto de enoturismo María Manuela (Boqueixón), la culminación de un sueño familiar que Nieves Millán y su marido, Moisés Rodríguez, hicieron realidad tras heredar las tierras de su padre y al que han querido darle el nombre de la madre y la abuela de Nieves.
Empezaron por plantar 10 hectáreas de albariño, pero pronto el proyecto tomó otra dirección: un establecimiento turístico con nueve cabañas elevadas con jacuzzi. A Nieves le gusta llamarlas “las cabañas que salvaron los robles”, porque la decisión de construir alojamientos elevados en lugar de ampliar el viñedo permitió conservar intacta una carballeira original; o también “un hotelito de cinco estrellas en medio de un monte único”. por ese respeto absoluto al entorno.
Esta sensibilidad fue reconocida en 2024 con el Premio Juana de Vega de Intervenciones en el Paisaje. El jurado reconoció el proyecto por su sobresaliente integración paisajística, sostenibilidad y respeto a la biodiversidad, destacando que estas estructuras “añaden belleza al paisaje en lugar de restarle”, logrando que las cabañas parezcan haber nacido allí mismo, sin quitarle protagonismo a la naturaleza salvaje del monte.
La experiencia en María Manuela invita a una desconexión total. El diseño interior de las cabañas se rinde ante la espectacularidad del exterior gracias a sus grandes ventanales: “parece que estás durmiendo en medio del bosque”. Un bosque de robles y especies autóctonas, y también un paisaje bañado por los viñedos plantados por este matrimonio, que dejó sus respectivos negocios de décadas para entregarse en cuerpo y alma a este proyecto. De hecho, ese compromiso con el territorio se extiende a su bodega, donde producen una cantidad limitada de 7.500 botellas anuales, buscando la excelencia frente a los grandes volúmenes: “vamos a la calidad”, presume Moisés.
En A Estrada, a un puñado de kilómetros del Pazo de Oca, aparece otra de esas historias con nombre propio que han sabido rescatar el legado de esta tierra del Ulla. La protagonizan las hermanas Ana e Isabel Neira, que han convertido el legado familiar de Atalanta Madera Artesanía en un proyecto de proyección internacional. Pertenecen a la “séptima generación de torneros de Berres” y, aunque sus proyectos vitales se prometían alejados del torno y la madera, quisieron aprender el oficio “para que no se perdiese” y acabaron enganchadas.
Isabel es la única mujer en Galicia que ejerce profesionalmente este oficio y ha transformado el taller en un laboratorio de ideas en el que la tradición se funde con el diseño de vanguardia y alcanza la alta gastronomía. Sus platos de maderas autóctonas, como el abedul o el fresno, cuentan con acabados alimentarios que los hacen tan higiénicos y fáciles de limpiar “como si fuese un plato de vidrio”, y sus propuestas han seducido a chefs como Pepe Solla (Casa Solla, 3 Soles Guía Repsol) o Begoña Rodrigo (La Salita, 3 Soles).
Recuperaron ese papel original de los torneros de elaborar platos de pulpo, y de las manos de Isabel salen cuencos, platos, bandejas y todo tipo de piezas de la vajilla para “ensalzar los platos más sorprendentes”. Diseño contemporáneo que ha llegado hasta la tienda del Museo Tate Modern de Londres, donde se vende su cascanueces cilíndrico de madera.
Miradores como el de Gundián, a escasos cuatro kilómetros del Pazo de Oca, ofrecen la perspectiva necesaria para entender, de un vistazo, todo lo que el Ulla ha ido construyendo a su paso. Permite contemplar los dos puentes que marcan el paisaje del valle, el antiguo viaducto ferroviario de 1958 y el moderno que da paso al AVE y, desde él, incluso se puede intuir el antiguo poblado castrexo de la Edad de Hierro, situado al otro lado del cauce, en el Alto do Castro.
Desde el mirador también se adivina, hacia el norte, la silueta puntiaguda del Pico Sacro, otro enclave privilegiado para observar el valle. Una empinada escalera de madera conduce hasta su cima, donde los restos de una capilla del siglo X y de una fortaleza medieval conviven con vistas que alcanzan, en días claros, hasta la propia catedral de Santiago.
DIRECCIÓN: Praza, 16. Santo Estevo de Oca (A Estrada, Pontevedra)
HORARIOS:
INFORMACIÓN Y RESERVAS:
Tel. 986 58 74 35
pazodeoca@fundacionmedinaceli.org
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