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Antonio Sánchez entre las vides, cubriendo las uvas con hojas de palma.

Visitamos la Bodega Manuel Sánchez, en La Gomera

Pasión viticultora en La Gomera a más de 1.300 metros de altura

Actualizado: 14/09/2026

Antonio Sánchez siempre tuvo claro que, el día que se jubilara, dedicaría sus días y esfuerzo al cuidado del terrenito que poseía desde hacía 40 años en la isla. Una propiedad en la que cultivaría viñedos, con los que haría vinos con acento gomero en honor a Manuel Sánchez, su padre, responsable de plantarle esa semillita del amor por la viticultura desde pequeño. Hoy, puede decir que lo ha logrado: sus tres vinos son los únicos certificados en ecológico en la D.O. La Gomera
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Antonio sale a nuestro encuentro —sombrero de paja bien ajustado en la cabeza— en cuanto nos oye llegar a la parcela donde se despliegan sus viñedos. Haciendo gala de su talante como excelente cicerone, no tarda en arrancar su relato acerca de lo especial que es para él el lugar en el que nos encontramos. Desde que se jubilara de su trabajo como bombero forestal en la isla, manejar los entresijos de Bodega Manuel Sánchez, bautizada así en honor a su padre, se ha convertido en oficio y hobby perenne. A un terreno vivo —ya se sabe— no se le puede descuidar.

La finca de la bodega Manuel Sánchez y al fondo la isla de Hierro.
La finca de la bodega Manuel Sánchez y al fondo la isla de Hierro.

“Estamos a 1.340 metros de altitud, quizás el viñedo esté entre las cotas más altas del país”, nos cuenta Antonio, orgulloso. “Aquí lo que hacemos son vinos naturales. No me gusta hablar de ecológico, porque en ecológico se permiten ciertas cosas con las que yo no estoy muy de acuerdo, como la utilización de sulfitos. A mí me gusta hablar de vinos naturales, porque es uva que se ha trabajado de una forma natural, sin químicos de ninguna clase ni en el campo ni en bodega. Es uva prensada, fermentada con sus propias levaduras y, una vez aclarada, embotellada sin filtrar”, afirma con contundencia.

Cuando era niño —nos narra—, ya vivía con sus padres en Vallehermoso, la zona más fértil de toda la isla y en la que nos encontramos ahora. Incluso en aquel entonces, ya no había familia que no contara con sus propias viñas, y con ese fin nació este proyecto hace 40 años: su intención era la de utilizarlas para consumo propio, pero una vez se puso a trabajarlas, la cosa se le fue de madre: “La verdad es que, dependiendo del año, podemos llegar a producir entre mil y dos mil botellas. A mi familia no le da para beber tanto”, ríe.

En estos viñedos todo se hace a mano.
En estos viñedos todo se hace a mano.

Esa fue, pues, la principal razón por la que nació Bodega Manuel Sánchez, bajo cuyo sello elabora tres vinos diferentes a partir de una misma uva, la forastera, variedad autóctona de La Gomera. Con más de 500 años de presencia en este territorio insular, crece en racimos bien apretados y son perfectas para la vinificación, sobre todo, por su aporte de acidez. “Yo no he estudiado enología ni agricultura, pero sí es verdad que me he interesado muchísimo por el tema siempre. Voy a charlas, a cursos, a eventos... Dicen que si no tropiezas, no aprendes, y a mí me encanta aprender así”, nos cuenta Antonio, en un ejemplo claro de que, donde haya vocación, que se quite todo lo demás.

Vinos con alma e historia

Acompañamos a Antonio a pie de viñedo y contemplamos la uva desde cerca, que crece bien pegadita al suelo para evitar que los fuertes vientos alisios, que a menudo azotan la isla, puedan acabar con ellas. El cultivo se halla dispuesto en bancales, la manera tradicional en la que se desarrolla la agricultura en La Gomera debido a su compleja orografía. Es tiempo de vendimia y la fruta está en todo su esplendor.

Los vinos naturales que elabora esta bodega.
Todos los vinos que elabora la bodega son naturales, sin químicos añadidos.

Precisamente debido a la disposición del terreno, el uso de maquinaria es prácticamente imposible en el proceso: aquí, todo se hace a mano, en una labor heroica que nos deja sin palabras. Entre vid y vid, sobresalen perales, manzanos o ciruelos. También pequeñas palmeras, cuyas hojas, como si de sombrillas se tratasen, ayudan a proteger las uvas del sol. Alrededor de la finca, una malla verde marca el perímetro y sirve para atrapar el agua que traen los alisios hasta la isla. Agua que se condensa, que gotea y se acumula en un depósito para tal efecto: sin sistemas de regadío, ni ríos, ni presas cercanas, es la única manera de proveer de agua a las viñas en un terreno de secano.

Antonio abre uno de sus vinos sin sulfitos.
Para agasajarnos, Antonio abre uno de sus vinos sin sulfitos.

“Solamente aportamos compost”, nos cuenta Antonio. “Todos los años, los operarios limpian las pistas, recogen material vegetal del parque nacional y lo ponen a disposición de quien quiera cogerlo. Yo lo aprovecho”, nos dice. ¿Y de qué manera? Mezclándolo con estiércol de cabra y oveja, que después seca y cura, antes de echarlo al terreno. “Eso, aparte de darle nutrientes al viñedo, hace una especie de cama para que el sol no incida directamente en el suelo y no evapore el poco agua que nos ha caído”, nos cuenta. Además, cada dos o tres años le aporta cal dolomita procedente del norte de Italia. Esta piedra blanca contiene altos índices de magnesio y calcio y es esparcida molida, como si de harina se tratara. “En el mundo de la agricultura regenerativa esto se lleva muchísimo”, afirma.

Luisa, Daniel Sánchez y Antonio Sánchez.
Ésta es una bodega familiar, liderada por Antonio Sánchez, su esposa Luisa y su hijo Daniel.

Sin embargo, cuando se enfrenta a las enfermedades de la vid, Antonio apuesta por un sistema tan sorprendente como original: “Lo que hacemos es ozonizar el agua y con ello dar tratamiento forial”, explica. “El ozono no penetra en la tierra, se queda en superficie. Con unos pinchos y una atomizadora a presión inyectamos a entre 20 y 30 centímetros de profundad agua en el suelo, para que la raíz absorba esa agua ozonizada. Sólo se emplea cuando tenemos un problema clave en una planta, como la yesca, que es una enfermedad, producida por un hongo en la raíz y en la madera de la viña, que la seca”. En los casos en que esto tampoco funciona, Antonio opta por la endoterapia vegetal: “Consiste en hacerle un agujero con un taladro a la madera de la viña y meterle una inyección de aceite ozonizado, de manera que a través de la salvia se controlan los hongos”.

Hora de sentarse a la mesa

Tras la clase magistral sobre el arte del cultivo de la vid en bancales en este rincón de la isla, llega el momento de catar el género. Antonio supo ver el filón que el turismo podría ofrecerle, y desde hace un tiempo da la oportunidad, a aquellos visitantes que sienten cierta curiosidad, de visitar su pequeño paraíso vitivinícola complementándolo con una cata y, si los ánimos son aún mayores, incluso con un festival culinario típico. Esta parte de la experiencia se lleva a cabo a apenas 200 metros del viñedo, en una casita encalada de aspecto tradicional en la que nos espera Luisa, su mujer. Ella, tan hospitalaria como Antonio, se mueve sin cesar entre sartenes y ollas en la pequeña cocina mientras tomamos asiento en la terraza. En sólo unos minutos, tenemos la copa llena y la mesa servida.

Comida preparada por Luisa, tortilla con verduras de la huerta, ensalada, carne fiesta, patatas con mojo y atún en mojo.
Comida preparada por Luisa: tortilla con verduras de la huerta, ensalada, carne fiesta, patatas con mojo y atún en mojo.

“Empleando estrategias diferentes hago tres vinos distintos”, nos dice Antonio al tiempo que abre la primera botella, Cumbres de Igualero. El primer vino que embotelló, rememora, fue en 2020, y en estos años ha tenido tiempo para afinar técnica y continuar explorando este universo que tanto le apasiona. No tardamos en dar buena cuenta del almogrote que ha preparado Luisa, que nos sabe a gloria. Tampoco al potaje de berros que le sigue, al que le añadimos —por recomendación de nuestros cicerones locales— un poco de gofio, ese superalimento que no falta jamás en la gastronomía canaria. Tras un par de cucharadas que nos conquistan, Antonio descorcha el segundo de los vinos, Garabato. “Está hecho con la misma uva pisada y prensada que el primero, pero lo dejo en contacto con el hollejo —la piel de la uva— al menos 24 horas”, nos explica.

Antes del fin de fiesta —una deliciosa tortilla de patatas que nos hace repetir—, Antonio se engalana con un chubasquero verde para la ocasión y nos deleita con la espectacular apertura de su espumoso, el único vino que bebe su mujer y gracias al cual sigue enamorada de él —nos revela, entre risas—, y que no tardamos en apurar. Un momento idóneo para brindar por los proyectos con bonitas historias detrás, las sobremesas compartidas y la buena gente.

BODEGA MANUEL SÁNCHEZ. Carretera General de Igualero (Vallehermoso, La Gomera). Tel. 606 840 295

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