Establecimientos gastrónomicos más buscados
Lugares de interés más visitados
Lo sentimos, no hay resultados para tu búsqueda. ¡Prueba otra vez!
Añadir evento al calendario
Dos hermanas, una familia, unas mesas, unos amigos y a comer en La Aguilera, cerquita de Aranda de Duero (Burgos), otro punto imprescindible de Ribera. Las hermanas Marta y Esther Iglesias han creado Un lugar de la Ia Ribera, un espacio pequeño para quienes han soñado a lo grande. En una finca particular, celebran encuentros donde si algo se hace es comer bien y beber bien. Para ello hay truco: algunos de los invitados son cocineros amigos -muchos con Soles Guía Repsol- que vienen a la cita con platos preparados, resultado de sus prestigiosos fogones, y allí se forma una comunidad en torno a la mesa, de donde todo el mundo sale contento.
Las hermanas Iglesias, quinta generación de viticultores, se han ido especializando en la gastronomía y mediante sus perfiles en redes sociales explican todo lo ligado a la enología y lo que la acompaña. “Hacemos encuentros privados para grupos (amigos, empresa, familia...) y encuentros con plazas abiertas (individuales, pareja, etc)”, indican en el formulario de su página web para adaptarse, o que el visitante también se adapte, a los planes previstos. Marta, publicista y más maja que la leche, explica que una de sus consignas pasa por reivindicar lo pequeño, lo local, lo tantas veces asumido como normal y que tiene un gran valor muchas veces más percibido por los de fuera que por los de dentro: “Hay bodegas subterráneas de la zona que nunca se han enseñado porque son de vecinos; pues nosotros las enseñamos, cómo vive la gente realmente aquí y todo muy personalizado. Los que vienen comen con nosotros en casa, por ejemplo”.
“Es muy divertido conocer a gente aquí. Que cuando visites un sitio conozcas a un local y algo de ti queda ahí para siempre”, comenta. Cuentan con dos líneas generales de público, no porque ellas quieran, sino porque les surge: a los planes de visitar las pequeñas bodegas de proximidad se apuntan sobre todo extranjeros, de todo el globo; las cenas gustan más al cliente nacional. Los grupos rara vez superan los 35 asistentes así que todo queda a mano y se forman buenas relaciones personales. El Instagram lo resume bien: “Pasan cosas maravillosas alrededor de una mesa, paseando un viñedo, visitando una bodega, catando vinos. Descubre la Ribera del Duero de la mano de los que hemos nacido aquí”. Un ejemplo de un plan, durante el reciente Mundial: “Hosts hamburguesas, el fútbol, mi madre. 21 de junio de 2026 • 18:00h. La Aguilera. Ribera del Duero. El fútbol: solo una excusa para juntarnos. Hamburguesas al sarmiento. Gildas. Empanada casera de escabechados. Vinos y birras al centro”.
De un lujoso hotel de Ávila, a visitar unos viñedos subidos a un tractor. De cocina elevada de autor, a catar vinos y comer queso y embutido mientras se aprende de vino. De la antigua casa del presidente Adolfo Suárez junto a las murallas abulenses, conjunto Patrimonio de la Humanidad, a patear lo alto del páramo castellano entre Tudela de Duero y Sardón de Duero (Valladolid) en las pujantes bodegas Alta Pavina. El grupo del hotel La casa del presidente y gerentes del premiado restaurante Caleña (Un Sol Repsol) ofrece para su clientela planes de ocio gastronómico y enológico que destacan por su diversidad: se puede ir al restaurante a degustar sus creaciones, o cenar en el restaurante ÑaCa, de un tiquet más bajo y también de calidad, para luego dormir en las mejores condiciones antes de ser trasladados hacia las uvas, las vides y los majuelos a casi 1.000 metros de altura y a un par de kilómetros del río Duero, en plena Milla de Oro del vino.
Allí los hermanos Ortega producen uvas pinot noir, algo poco habitual en la zona, y han cumplido 40 años de recorrido en un sector exigente que requiere renovación para seguir fidelizando y atrayendo a más público. Los visitantes reciben una lección vitivinícola sobre el vehículo agrario, imprescindible para los trabajos sobre las tierras, y luego degustan tres de las creaciones y sacian el apetito con una merienda de productos típicos como queso y embutido, que tan bien maridan con los caldos.
Esta experiencia inmersiva en las campiñas que reúnen las mejores condiciones para la producción del vino, con viñas y viñas en muchos kilómetros alrededor del Duero, se puede disfrutar tras una noche, o antes de una noche, en la terraza ÑaCa. Allí, en una terraza apacible en la que degustar unas gildas, croquetas, pinchos o postres y que pase lo que tenga que pasar tomando el fresco y con un buen vaso de vino entre las manos para comentar lo aprendido hoy o lo que se aprenderá mañana. Ellos apuestan alto en su declaración de principios: “Todo pasa en nuestro jardín, con una mesa y algo rico. ÑaCa es quedarse hasta que la noche nos separe. O nos junte, que nunca se sabe”.
El dios del vino, Baco (Dionisio según para quién), observa apaciblemente al paseante recorriendo su particular jardín de las delicias en forma de un viñedo donde crecen más de 220 variedades de uva y permite apreciar tanto su origen y crecimiento hasta cómo ahora se ha orientado hacia la mesa y el vino. La estatua de la díscola deidad da nombre al Jardín de Baco, un espacio contiguo al edificio de bodegas Vivanco, en Briones (La Rioja), donde disfrutar de una experiencia inmersiva en la cultura y la sabiduría en torno a esta bebida de siglos y milenios. Dentro del espacio, moderno a la par que respetuoso con la tradición y el estilo de las bodegas de Rioja, existe el denominado Museo del Vino, con una exposición permanente donde la familia Vivanco muestra al visitante un sinfín de elementos patrimoniales y artísticos vinculados al vino que tan bien conoce desde hace cuatro generaciones y 100 años de acción.
Pueden encontrarse vasijas centenarias, que aún hoy podrían conservar o mantener fresco al fruto de la vid, prensas que exprimían las uvas para extraer el vino y empezar a trabajarlo desde ese momento, pinturas de autores como Picasso, Sorolla, Juan Gris, Chillida, Barceló o Genovés. Asimismo, también hay contenidos audiovisuales en los que sumergirse para saber más sobre la historia del vino y también sobre su futuro, en constante experimentación e innovación para sacarle partido a este producto incomparable. Además, muy cerca de Haro y de Logroño, ideal para una escapada.
Los Vivanco entienden que el vino merece un tratamiento especial y polifuncional, de modo que en más de 9.000 metros cuadrados permiten un enoturismo variado de gusto gastronómico y también cultural y diversión. “El punto de encuentro entre conocimiento y disfrute del vino”, sintetizan. Este trabajo les ha traído rendimiento: el pasado 2025 subieron siete puestos y se instalaron en el peldaño 24 de los World’s Best Vineyards, que ordena a las 50 mejores bodegas del mundo en un concurso de intensa competencia. Ocho de ellas son españolas, señal del prestigio y valor de la enología nacional. También la Unesco ha valorado el museo Vivanco.
“Ahí tenemos 300 chavales bebiendo clarete y sin preguntar por los taninos… ¡Y encantados!”. “Los jóvenes no beben vino. El problema no es de los jóvenes ni del vino. Cuando mezclas lo que nos gusta a los jóvenes con el vino… funciona”. Así empieza el aftermovie de Viaje a la Luna 2023, una de las enésimas locuras del bodeguero Juan Príncipe, de bodegas César Príncipe y autor de vinos llamados La Luna en honor a esas uvas o frutas apodadas “de luna” porque se robaban de noche. Él, joven, fresco, revolucionario, con coleta y perilla, piensa que la cultura y el ocio en torno al vino son estupendos, sí, pero que hay que darles una vuelta para acceder a otras personas que necesitan incentivos para sumergirse en ello.
Así han surgido sus proyectos en Fuensaldaña (Valladolid), de poderoso castillo y prestigiosas bodegas subterráneas, a las que lleva a esos curiosos que quieren conocer, además de las enormes macrofactorías, cómo las familias de esta zona cercana a Cigales producían sus propias botellas durante siglos y establecían allí abajo, con fresco en verano y frío el resto del año, su forma de interactuar con sus familiares o allegados.
Eso es lo más tradicional que hace. Lo demás, insurgencia: sus eventos más populares son las conocidas como raves berlinesas en la nave donde durante el resto del año reposan sus vinos. Hay música techno, remixes que molan mogollón, djs locales con ganas de agitar al personal. Y, ante todo, mucha imaginación y aún más trabajo de esta saga bodeguera en la que su padre, César Príncipe, primero se escandalizaba de ideas como las de poner clarete, por no hablar de este ocio rompedor, y ahora también está “envenenado”. Su hijo, treintañero, con ganas de mambo, confiesa que se vienen un otoño y un invierno moviditos en sus dominios, pero que aún no tiene claro por dónde va a tirar. Algo hay en mente, apunta, de modo que habrá que estar muy pendientes de sus redes sociales para apuntarse al próximo delirio: “Estoy pensando en una fiesta de invierno a la intemperie, con abrigo, a sufrir, a la parte dura del campo. No veo la manera de que no se llene cualquier evento cerrado que haga, así que puede que prepare una fiesta desagradable en torno al vino, con gente de la de verdad, aunque seamos 50”. Abríguense.
En general... ¿cómo valorarías la web de Guía Repsol?
Dinos qué opinas para poder mejorar tu experiencia
¡Gracias por tu ayuda!
La tendremos en cuenta para hacer de Guía Repsol un lugar por el que querrás brindar. ¡Chin, chin!