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Higuera de la Sierra

El árbol que nace, crece, se reproduce... pero que no muere

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El espíritu serrano y forestal se respira en los márgenes onubenses en los que se enmarca Higuera de la Sierra; una telaraña de dehesas y otras manifestaciones de la vegetación que le brinda el Paraje de Las Tobas y el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Respirar verde y bien al recorrer los caminos que le brotan es su carta de presentación; el título de conjunto histórico-artístico a la villa, luces de neón para el turismo, una propuesta de seducción que nace el 5 de enero, cuando las Majestades de Oriente anuncian la segunda Cabalgata más antigua de España, que crece en el olé del Festival Taurino de la Plaza de Toros; que se reproduce en el júbilo sonoro de la Fiesta de la Virgen del Prado, pero que no muere, menos mal, ni con toda la sangría de la Velada de San Antonio. Al pie de monumentos que se suman al paisaje de buen ver, como los lavaderos de Enmedio, la Fontanilla y el de Cristo o de Arriba, aguardan los homenajes, un tributo al que se suma la Fuente de San Antonio y las esculturas dirigidas a Sebastián Santos Rojas y a los Reyes Magos. La fe pinta los tejados de la iglesia de San Sebastián y las ermitas de la Virgen del Prado, San Antonio de Padua o el Santísimo Cristo del Rosario, y las ganas (y no el aceite) de volver, se repite en derivados del jamón ibérico y en manjares como el ajo gañán, castañas al queso, el marrón glacé, las orejas de habas y más.

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