La Puebla del Río

A orillas del Guadalquivir

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Cuando el Guadalquivir abre sus brazos, despliega todo su esplendor en los territorios próximos a La Puebla del Río. El gran río de la vida dibuja extensas marismas y humedales, representadas en el Brazo del Este, gracias a sus pronunciados meandros. El entorno constituye un verdadero paraíso para las aves que optan por descansar en este idílico paraje durante sus migraciones. En el margen contrario, los pájaros también sobrevuelan las profundas aguas. Allí, la reserva natural de la Dehesa de Abajo crea láminas de "cristal líquido" que reflejan hasta los cielos. Desde allí, incluso pueden alcanzarse las nubes. Estos paisajes ya dejan intuir la presencia cercana del parque nacional de Doñana. En el pasado, mientras el agua fluía, en la ribera del Guadalquivir se construyeron fortalezas que hicieron inexpugnable la ciudad de Sevilla. Hoy, no quedan restos de esas fortificaciones, pero sí la esencia de la fe en la ermita de San Sebastián o en la iglesia de Nuestro Señora de los Dolores. Sus paredes han sustituido el blanco por el ladrillo. La villa siempre nos recuerda a río, incluso su nombre evoca a él. En sus calles, es difícil encontrar algún molino de agua, pero la búsqueda tiene su recompensa. Existe uno de aceite en la típica construcción andaluza de la Hacienda Myro. La Puebla del Río siente a través del Guadalquivir y vive en los paisajes naturales, aquellos donde las aves regalan vida.

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