Socuéllamos

Un capítulo de historia

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Socuéllamos es la historia hecha carne. Un  pueblo que se configura de los sucesos que le fueron marcando a lo largo de su amplia y dilatada vida. En este pequeño rincón de Ciudad Real, las civilizaciones antiguas han dejado la huella de sus pasos contenida en maravillosos puentes romanos. La Orden de Santiago dejó de legado a la localidad la tradición palaciega en una sencilla y humilde casa de piedra conocida popularmente como la Casa de los Mendoza. En ella llegó a instalarse Santa Teresa de Jesús. Aún sigue impresionando el tiempo encerrado en sus muros y el enigmático poderío que le confiere a la importante plaza que la cobija -plaza del Coso o plaza de la iglesia-, en la que se encuentra el alma central de Socuéllamos. Allí sorprende el antiguo Ayuntamiento, producto de la historia de la localidad. Una en la que durante la Edad Media, no existía consistorio alguno, por lo que eran las casas de algún ilustre ciudadano las que servían de impartidor de leyes, por lo general, aplicadas de manera bastante arbitraria. Muestra de esta realidad ha quedado este edificio que junto a la Iglesia de la Asunción, observa impertérrito las fiestas patronales de la villa, donde Socuéllamos celebra sus amplios siglos de supervivencia al calor de la fe y de la devoción de los habitantes de esta localidad manchega. En otra de las plazas de la villa permanece aún escrito el pasado de Socuéllamos: la plaza de la Constitución; lugar en el que la inquisición dejó marcada su estela en una villa propia -la Casa de la Inquisición-, y en el que se instaló el nuevo Ayuntamiento -con la esencia de antigua prisión-. También hallamos allí el Mercado de Abastos, el maravilloso lugar en el que disfrutar Socuéllamos a golpe de vino y productos típicos manchegos. Un entorno tradicional que hará un resumen del pasado de la mancha a través de sus calles y plazas donde recoger, mientras paseamos, algunos capítulos de la historia de España.

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