Ciudad pequeña y acogedora, los versos resuenan por el agua que lleva el río Duero. Los poetas Antonio Machado, Gustavo Adolfo Bécquer y Gerardo Diego le dedicaron escritos a Soria, haciéndola inmortal en los libros y mostrando con palabras la belleza que las calles y los campos que la capital de la provincia regalan a la vista. Paseando por la localidad, el visitante comprobará que hay dos grandes movimientos artísticos que la dominan. Por un lado, se encontrará con la riqueza románica de las iglesias de San Juan de Rabanera o la de Santo Domingo, representantes del mayor esplendor de esa época medieval, y por otro, con los palacios renacentistas del casco antiguo, convertidos en edificios dedicados al servicio de los ciudadanos. El paseo abre el apetito y no hay nada mejor que tener hambre en esta ciudad. Su gastronomía rica y diversa regala platos de tradición pastoril como las migas y la caldereta, un guiso de cordero. Sin olvidar los torreznos, claro. La posibilidad de pasear por la Alameda de Cervantes, el pulmón verde la ciudad, y la visita al museo Numantino, donde está el pasado histórico de la provincia, hacen de Soria un destino perfecto para disfrutar de tranquilidad, historia y poesía.

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