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Tavernes de la Valldigna

Al abrigo de la Historia

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La belleza del valle en que se enclava Tavernes ya cautivó al rey de Aragón Jaume II, el Justo, en el siglo XIII. Lo describió como valle digno para un monasterio, “Vall digna”. Y ¿cómo no? Si es que el mar queda a poco más de 5 kilómetros de distancia y, a norte y sur, las últimas manifestaciones de los sistemas montañosos ibérico y bético enmarcan el municipo. Eso por no mencionar el clima, que casi siempre acompaña con sol y brisa. Pero antes que al monarca valenciano, Tavernes y su valle ya convencieron a los neandertales del Paleolítico para que se asentaran en sus abrigos y cuevas. Así lo atestigua la del Bolomor, donde se han hallado restos asociados a los asentamientos humanos más antiguos de Valencia. Hoy, la capital de la Valldigna nos conquista por muchos otros motivos: su luz, sus playas de Tavernes y la Goleta,  sus miradores naturales, sus edificios emblemáticos como la Torre Guaita, sus rutas de senderismo, sus fiestas de fuego y color y, claro, su arroz en cualquiera de sus variedades.

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