Villamanrique de la Condesa

Devoción rociera

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Podría conocerse como la villa de los tres nombres, porque el primitivo Mures pasó a llamarse Villamanrique de Zúñiga en honor a un marqués y después cambió su apellido para agasajar a una condesa. Pero, si hay un nombre propio con tradición y apego en el municipio, es el de Rocío. En la frontera con Huelva, la mejor manera de conocer la localidad es aspirar una bocanada de la esencia rociera que se respira en ella e ir recorriéndola en busca de las múltiples veces que aparece esta onomástica en calles, plazas, casas o edificios públicos.

Un buen punto para empezar es detenerse a contemplar el muralillo que adorna la fachada del Ayuntamiento, una bonita muestra de la arquitectura civil del s. XIX, y recuerda el descubrimiento de la imagen de la Virgen por un vecino de la localidad. Muy cerca de allí, en la misma plaza, encontramos la iglesia de Santa María Magdalena, un bello templo que, desde su campanario, una de las torres más altas de la comarca, invita descubrir sus tesoros interiores, como el retablo de Montañés del s. XVIII o las dos varas de plata de la Virgen del Rocío. De relucientes azulejos, los pequeños cuadritos que muestran la devoción de los vecinos y engalanan sus casas nos servirán de guía para llegar hasta la plaza del convento, un recoleto espacio desde el que podemos contemplar el antiguo convento de San Felipe y el lateral del Palacio de los Infantes de Orleans y Borbón, construido en el s. XVI sobre los restos de una antigua casa molino.

De inscripción en inscripción, podremos llegar hasta la Dehesa Boyal, una de las puertas de entrada al Parque Natural de Doñana. En el centro de visitantes encontraremos información sobre este pulmón verde del sur y uno de los puntos de paso para los peregrinos hacia Almonte, como aprenderemos visitando el Centro de Interpretación Etnográfica Camino del Rocío, donde podremos encontrar toda la información referente a una de esas fiestas que hay que vivir, el paso de hermandades en el que los manriqueños reciben hospitalariamente a los romeros que van a recorrer el camino.

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