Monasterio de la Oliva

Monasterio de la Oliva

Información turística: 948725111

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El mejor tesoro de Carcastillo se guarda a un par de kilómetros del pueblo, aunque no precisamente escondido. ¿Cómo esconder un complejo monumental como el Monasterio de la Oliva, si ya su fachada, que emerge orgullosa al final de una explanada, parece proclamar “un aquí estoy yo” artístico que resuena hasta en el último rincón del pueblo?

El monumental arco apuntado que abre el paso al monasterio nos anuncia la grandeza del conjunto que vamos a visitar. Traspasándolo, en la parte central, encontramos la iglesia de Santa María, del s. XII-XIII, con su larga nave iluminada bajo una luz tenue. Es la que mejor le sienta a su decoración, mitad gótica mitad románica, que la ha convertido en uno de los más perfectos ejemplos de la escuela hispano-languedociana (creaban estructuras similares a las de las preciosas abadías del sur de Francia). Extramuros del templo nos aguardan más joyas, como  el conjunto de dependencias medievales en torno al claustro, que son una escuela tanto de la evolución del arte como de su aplicación a todo tipo de espacios, caso de la antigua sacristía y de la sala capitular (valiosa muestra de arte protogótico), pero también del refectorio y la cocina, o la impresionante escalera del s. XVI.

Sí, este monasterio fue grande y poderoso, y durante varios siglos su historia se mezcló con la de Carcastillo, cuyas tierras fueron cedidas a la orden de Císter por el rey Sancho VI El Sabio. El pueblo no ganaría su condición del municipio hasta el s. XIX, cuando la orden había perdido su influencia. Pero hoy el Monasterio de la Oliva importa sobre todo por su legado al arte: una de las más valiosas joyas tanto del románico navarro como de la arquitectura cisterciense.