Un señor de la capital visita confiado el museo del Esparto de Cieza. Al ver las máquinas antiguas con las que se trabajaba este material y las demostraciones de artesanos, le viene de repente el recuerdo de que su abuelo se ganó la vida desde bien pequeño con esos ásperos hilos amarillentos, “dando a la rueda” de las ruecas y trenzándolos en vigorosas cuerdas, tal y como trenzaba la famosa protagonista del cuento de ‘El enano Saltarín’. También encuentra otras herramientas y enseres que le describía su abuelo con los que, aparte de cuerdas que vendían por toda España, también se hacían estropajos o, incluso, zapatos y sombreros. Y es que este museo lo que tiene de reducidas dimensiones lo posee de inmensos recuerdos y valor etnográfico de Cieza, un lugar donde siempre tuvo un valor capital el esparto desde tiempos prehistóricos.