Documental 'El hombre que embotelló el sol' en Filmin y Amazon Prime

Benidorm, la leyenda

terraza belvedere
La ciudad vertical desde la terraza del 'Belvedere'. Foto: Eva Máñez.

¿Cómo llegó Benidorm a ser una urbe mítica y arrolladora? ¿Cómo llegaron los turistas a este lugar de la Costa Blanca? ¿Cómo ha resistido críticas, invasiones casi bárbaras de visitantes que no siempre buscan la bondad de sus playas? Todas las respuestas están en el documental 'El hombre que embotelló el sol', dirigido por Óscar Bernacer (Nakamura Films y TVE), disponible en Amazon Prime Video y en Filmin, que recorre el Benidorm de los años 50, recóndito, amable, con sus largas y entonces poco concurridas playas, y su lenta y curiosa transformación en la "mejor ciudad nueva de la segunda mitad del siglo XX", como la definió el sociólogo Mario Gaviria.

En esta guía contamos en su momento un Benidorm insólito, por el que nos guiaron cicerones locales. Ese Benidorm legendario es fruto de ese otro que inició con pericia un visionario, Pedro Zaragoza, el que fuera alcalde en los años 50-60, tal y como cuenta El hombre que embotelló el sol. Se trata de un relato fundacional donde la exageración –incluso la mentira–, puede que sea muy importante, pero no olvidemos que "las leyendas surgen siempre de la realidad". 

Fórmulas de marketing más que ingeniosas. Foto: Filmin.

Benidorm, 1951. Pedro Zaragoza, alcalde de la ciudad desde el año anterior, atisbó enseguida las enormes posibilidades de esa localidad mediterránea. Vio claro que pasar de veraneantes a turistas era la clave para el auge de la ciudad, para convertirla en algo más, en algo distinto, para ser pioneros, veloces, modernos… Y supo ver que la combinación de playa, sol, comprensión y convivencia daba de sí el turismo, y el turismo suponía ingresos, y los ingresos mejoras. 

Pedro Zaragoza fue el alcalde franquista que impulsó la ciudad de Benidorm. Foto: Nakura Films.

Estamos en pleno franquismo, en una España donde el turismo aún no había eclosionado, "donde todo lo que llegaba de fuera era visto como un tanto peligroso, subversivo. Ante todo, importaba la seguridad", apuntan algunas de las voces del documental. Así que Zaragoza, pese a tener una buena entente con Francisco Franco, sabía que tendría que batallar sus medidas aperturistas. Así lo hizo. Decidió que las vacaciones perfectas para cientos de miles de europeos y españoles iban a tener lugar en esa zona de la costa y que para eso había que ser sagaz, valiente y decidido. Fue capaz de crear de la nada una ciudad moderna, dispuesta para el ocio de la clase media, irse a Europa, a Laponia y venderla "con estrategias de marketing que aún hoy resultan increíbles". 

Benidorm empezó a brillar a finales de los años 50. Foto: Filmin.

Los turistas empiezan a llegar a Benidorm tras la perseverancia de Zaragoza, el NO-DO se hace eco de ese fenómeno, aparece de pronto una chica ¿alemana? ¿sueca? en bikini y arranca la leyenda. Cuentan que el obispo de Orihuela llamó al alcalde para alertarle de que una joven se estaba paseando en un bañador de dos piezas y "eso no puede ser". A lo que Pedro Zaragoza le replica, con humor: "vale, dime qué pieza quieres que le quite".

La cala de la playa del Poniente, un oasis de los lugareños. Foto: Pepe Olivares.

La turista del bikini

La leyenda sigue. "El alcalde se marchó a Madrid a ver a Franco en una vespa, para que intercediera, para que le dejara hacer". La anécdota –que no se sabe si es verdad o forma parte de la leyenda– está narrada en el corto Bikini, también de Bernácer. Se la contó a los responsables del film el padre de una de las guionistas, Joana M. Ortueta, responsable también del guión del documental. La historia daba tanto de sí que al final les salió un largo, El hombre que embotelló el sol. Cuentan que el alcalde le dijo a Franco: "yo no vendo los bikinis, los bikinis se venden en Madrid y los compran las mujeres de los ministros". Da igual que sea verdad, es una frase tan buena que merece pasar a la historia como cierta. 

Una ciudad mítica y cinematográfica. Foto: Pepe Olivares.

Zaragoza no solo logró que prevalecieran las divisas del turismo sobre todo lo demás, también arrancó promesas que se materializaron en hechos. Una planta para potabilizar el agua, un plan urbanístico ambicioso que salpicó la franja costera de los míticos rascacielos, un sinfín de hoteles para albergar a un sinfín de turistas que habían reclamado ya alojamiento en casas particulares...

Esta playa, la de Mal Pas, también es Benidorm. Foto: Pepe Olivares.

La prensa inglesa, alemana, hablaba de Benidorm. Para contribuir a eso, Zaragoza había ideado un plan genial: ir salpicando Europa de carteles indicativos: "faltan 2.500 kilómetros para Benidorm". Eso, junto al coraje del aficionado, la perseverancia, la autoridad que le confería ser alcalde en aquellos años, su capacidad para engatusar, convencer, agasajar (le regalaba botellas de vino de su bodega a la reina de Inglaterra), contribuyeron al milagro total. Ese milagro que Bertrand Rusell definió bien: "Para entender el concepto de iluminación se ha de ver una mañana en el Mediterráneo". 

La primera española que posó en bikini para la cámara de su marido fue Beatriz Ledesma. Sale sonriente en el documental a sus 92 años, sin ser consciente del todo de lo que suponía aquello. "En el listado de las playas decentes que decretaba Acción Católica no figuraba Benidorm, así que las españolas tardaron en apuntarse a esa moda", resumen los expertos. 

Fotograma de 'El hombre que embotelló el sol'. Foto: Filmin.

Benidorm, plató de cine 

El caso es que con la avenida del Mediterráneo a punto de ser construida (tras conseguir que el pueblo entero se arrimara, cediera o vendiera sus terrenos), Benidorm estaba lista para el despegue. Las clases medias tomaron la ciudad, surgieron los turoperadores, las vacaciones pagadas. Y Zaragoza tuvo claro una máxima: para lograr el objetivo había que mantener la integridad de las playas, así que se enfrentó a quien fuera para preservar lo que iba a ser el icono del turismo. Pocas veces o ninguna un destino turístico puede tener éxito sin promoción, o con una promoción de andar por casa. El documental recoge bien cómo Zaragoza fue capaz de inventarse una marca y sacarla adelante. 

Por la noche, Benidorm tiene un encanto especial. Foto: Pepe Olivares.

Nieva en Benidorm, la película que Isabel Coixet estrenará en noviembre, se rodó en esa ciudad de la costa. Mezcla de historia de amor y thriller, y con un reparto internacional, la película producida por El Deseo, de los hermanos Almodóvar, cuenta la historia de Peter, un hombre solitario y metódico "obsesionado por los fenómenos meteorológicos". Decide visitar a su hermano en Benidorm, y así, la realizadora convierte la ciudad en un personaje más: "La ciudad de Benidorm, con su increíble geografía y su peculiar mezcla de británicos de vacaciones y jubilados españoles en pos de un merecido carpe diem, es un personaje más de este thriller romántico en el que Peter descubre que la vida, la verdadera vida, puede empezar en cualquier momento, incluso cuando creíamos que ya no era demasiado tarde. Pero si nieva en Benidorm, cualquier cosa es posible".

Los Alcántara, el matrimonio protagonista de Cuéntame (TVE) pasó unas vacaciones en Benidorm en una de las temporadas de la serie. Estamos en 1985. Los dos capítulos en los que salía la ciudad, fueron récord de audiencia esa temporada y su emisión se convirtió en trending topic. Más de tres millones de espectadores se pasearon por la ciudad costera y siguieron las andanzas de la pareja. Fue un rodaje de playas (en las de Levante y Poniente), diurno y nocturno, donde abundan las panorámicas de la ciudad. Al finalizar, se emitió un monográfico de la serie Ochéntame otra vez titulado Benidorm, Benidorm, que recorrió la evolución de la ciudad como urbe turística desde finales de los años 50 hasta los años 80. Imágenes del NO-DO y de Informe Semanal nutrieron el especial donde se demostró el poder visual de esa localidad, su capacidad para convertirse en un buen plató de ficción. 

Los dos capítulos de 'Cuéntame' ambientados en Benidorm fueron récord de audiencia esa temporada. Foto: RTVE.

Comer a media hora de la playa de Poniente

Una vez acabado el día de sol y playa estaría bien perderse más allá de la costa. A menos de media hora hay tres restaurantes que recomendamos. 'El Xato', en La Nucía; 'Ca l’Angels', en Polop, y 'Casa Pepa' en Ondara. 'El Xato' (Recomendado por Guía Repsol), restaurante de cocina mediterránea contemporánea, está en el centro de La Nucía, en la comarca de la Marina Baixa. A 20 minutos en coche desde Benidorm, este restaurante, que empezó hace más de 100 años como una bodega sencilla, ha alcanzado, lento pero seguro, el reconocimiento gastronómico gracias a su chef, Cristina Figueira.

cristina figueira el xato
Arroz de boquerón, espinacas y coliflor. Foto: Facebook 'El Xato'.

En 'El Xato' hay un plato que no debería perderse nadie: el gazpachuelo de sepia, patatas y perejil. Ofrece un mundo de posibilidades: catering, la opción de llevarte a tu casa uno de sus menús perfectamente embalados, eventos puntuales… Y luego está la primorosa carta de vinos, y el copero, Francisco Cano, que también es el jefe de sala. Figueira, por cierto, tiene una recomendación de Benidorm, 'La Cava Aragonesa', en la plaza de la Constitución. "La mejor barra de Benidorm", asegura.  

cristina figueira el xato
Un siglo de historia y cocina bien hecha. Foto: Facebook 'El Xato'.

'Ca l’Angels' (Recomendado por Guía Repsol), en Polop –a menos de tres kilómetros de La Nucía–, tiene una especialidad: los arroces, como el de bacalao fresco con espinacas. Es un restaurante tradicional, mediterráneo, de largo recorrido también, que ha sabido innovar para permanecer. Ahora, además, el restaurante ofrece cursos de cocina: enseñan a preparar arroz, salmueras, los tradicionales mintxos. Otra de las novedades son las fiestas de la cocina, donde uno puede reunirse con amigos en el restaurante, cocinar allí con los chefs y comer después. 

'BonAmb', de Alberto Ferruz también a cargo de 'Casa Pepa'. Foto: Sofía Moro.

'Casa Pepa', en Ondara, en plena Marina Alta. La creadora, Pepa Romans, dejó como legado este restaurante, donde mi familia y yo comimos el mejor pan que habíamos probado nunca. Pero quedarnos ahí sería dejar la experiencia gastronómica que tuvimos en una anécdota. Desde el año pasado, 'Casa Pepa' pertenece al grupo BonAmb (dueños del restaurante 'BonAmb' de Jávea, con 3 Soles Repsol). Los chefs pretenden que la cocina con la que arrancó este restaurante conviva con todo lo nuevo, con la vanguardia, con una nueva manera de mirar.