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En catalán, “capçades” significa “copas de árboles”. Y la banda sonora aviar que se escucha por las mañanas en este hotel rural con clase justifica por sí sola el nombre, aunque, en realidad, este proviene del topónimo donde se ubica: una zona alta y arbolada que hay a las afueras de Horta de Sant Joan; lo suficientemente cerca como para llegar a pie, pero también lo suficientemente lejos como para poder disfrutar de su famosa fachada urbana al completo, que cobra unos tonos y unos volúmenes especiales con la luz de amanecer y atardecer.
En sentido opuesto, desde los ventanales de la piscina cubierta, tampoco están nada mal las vistas hacia el macizo kárstico de los puertos Tortosa-Beceite, un milagro de la geología y la botánica que emerge donde se dan la mano el sistema Ibérico y la cordillera Prelitoral. Les Capçades se encuentra junto a uno de sus accesos más pintorescos, el del mirador del Salt de Ferrassó. Hasta este también se puede llegar dando un paseo a pie o, mejor aún, tomando prestada una de las bicicletas vintage que ofrecen a los huéspedes para ver unos atardeceres épicos con vistas a Roques de Benet.
Dicen que tanto Horta como les Roques de Benet sirvieron de inspiración a Pablo Picasso. Con tanto mimo a las panorámicas, parece que este negocio lo hubieran impulsado artistas plásticos o paisajistas. Es cierto que a Facundo Salas, el chef, le gusta pintar y dibujar, y procura trasladar esa creatividad a sus platos. Sin embargo, él es casi un recién llegado a esta empresa de la familia Miralles, que en 2026 cumple 50 años de andadura, y cuya historia se relaciona más con lo bucólico que con lo artístico: todo arranca con un joven cabrero que se fue a buscar fortuna a una Costa Brava que empezaba a abrirse al mundo.
Les Capçades es la secuela del Hostal Miralles (Solete Repsol), un alojamiento y casa de comidas tradicional que inauguró Salvador Miralles en 1976, después de hacer acopio de experiencia durante su periplo de juventud en Tossa de Mar, donde empezó lavando platos y acabó dirigiendo un hotel. Si hubiera sido por él, nunca habría salido de Horta. Aquí era un adolescente feliz a cargo de un rebaño de cabras. Nos cuenta que, aislado en las montañas, pasó los mejores años de su vida. Por eso, cuando su padre decidió vender el rebaño sin previo aviso, él se agarró tal cabreo que se marchó de casa sin mirar atrás.
El cabrito volvió a su vida tiempo después, como emblema del menú del Hostal Miralles. Tanto es así, que la familia lleva años trabajando en recuperar la cabra blanca, la raza autóctona de Els Ports, que estuvo a punto de extinguirse, pero que ahora han reflotado desde su propia explotación. El crestó (cabrito castrado) en escabeche es uno de los platos estrella del Miralles. En general, hacen un escabeche espectacular. Tanto que, según cuenta Anna Miralles, hija de Salvador, llegó a convertirse en costumbre en el pueblo venir a tomar codornices en escabeche después de salir de fiesta.
Anna enfatiza que, frente a Les Capçades, que tiene un restaurante “más gastronómico”, en el Miralles han querido preservar un espíritu tradicional. Presume de una cocina de “chup chup”, con productos de elaboración propia, como las verduras de su huerto, el aceite de oliva de sus olivares o, por supuesto, el cabrito. La presunción la corrobora un “simple” canelón de pollo, ternera, cerdo e hígados hecho con pasta fresca casera, aunque el remate con unas galletas de queso y lascas de trufa dejan ver que Anna y Nùri, las hijas de Salvador, han heredado su espíritu inquieto.
En el año 2005, Les Capçades abrió con un concepto totalmente distinto. Inaugurar un negocio paralelo era la manera de no perturbar el espíritu del Miralles y de que la familia pudiera seguir dando rienda suelta a su impulso. Aquí ofrecen una experiencia mucho más depurada y relajada, con 13 habitaciones enormes y panorámicas en un entorno idílico, y cenas con menú degustación. Cada dormitorio está ambientado en algún lugar u oficio del vecino Parque Natural de Els Ports; nosotros ocupamos la habitación de los cazadores, que tiene unos amaneceres prodigiosos, con vistas a la montaña de Santa Bárbara.
Nos cuentan que buena parte de su clientela son repetidores, y que a muchos les encanta venir en invierno para darse un baño caliente con vistas a la sierra; con suerte puede aparecer nevada. Al lado hay una sala de lectura deliciosa, pero es el restaurante, sólo un poco más allá, el que acaba rompiendo corazones. En principio, únicamente dan cenas con un menú degustación previa reserva; menú que van cambiando para que los huéspedes que se alojan varias noches no repitan la experiencia.
A los mandos de la cocina está Facundo Salas, un chef cuya pulsión artística se nota en sabores y emplatados. Argentino de nacimiento, dice que no vive obsesionado con la cocina de kilómetro cero. Evidentemente, se vale de los célebres vinos y aceites de la Terra Alta o de las anguilas del delta del Ebro, pero los combina con kimchi, yuzu o ron de coco. Sí presta mucha más atención al producto de temporada y, como buen profesor de escuelas de cocina, vive más obsesionado con las técnicas culinarias. Dice que forma muy buena pareja con Anna, especialista en conseguirle una materia prima óptima, que se ha cambiado el polo del Miralles por la chaqueta de Les Capçades para ofrecer un maridaje perfecto al menú de Salas.
Esta noche, el menú tiene ocho pases y está construido mediante un delicado juego de equilibrios que justifica sobradamente su precio (se puede cenar aunque no se esté alojado, previa reserva). Cuesta elegir qué mencionar: el gazpacho verde con carabinero, lubina marinada, huevas de trucha y helado casero de tomate emulsionado con aceite de oliva; los espárragos glaseados con una reducción de vinagre y miel, recubiertos de crumble de tomillo y frutos secos, con crema agria; el rodaballo con pilpil de guisantes frescos y gel de yuzu; la pavlova de cerezas ligeramente marinadas en vinagre de frambuesa y helado casero de romero. El romero nos introduce a los aromas de Els Ports, que pueden ser un bonito objetivo para el día de mañana.
LES CAPÇADES HOTEL RURAL. Partida de Capçades s/n (Horta de Sant Joan, Tarragona). Tel. 977 435 555
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