Ruta del Flysch

Ruta del Flysch

El mar deja su propio patrimonio en Sopela. Él va y viene con los surfistas que cabalgan las olas de sus playas. Sin embargo, el Cantábrico en Sopela tiene aspiraciones superiores. No solo se conforma con ser un centro de reunión de estos deportistas. Necesita que dejar su legado en la piedra. Gracias a su ambición, la ruta que nos lleva desde Sopela a Barrika ofrece uno de los espectáculos más bellos de esta localidad de Bizkaia. Fue hace años cuando este indómito personaje salino se decidió a pintar una obra maestra. Él cubría estos terrenos, ahora horadados de flysch. Allí, sedimentó diferentes materiales dibujando en la piedra figuras lineales. A la vez la que el mar dejaba secar este lienzo de minerales, piedras y partículas sedimentarias, una misteriosa capa de roca, similar a un enorme costillar humano en horizontal,  iba apareciendo entre los acantilados que recorren esta comarca de Bizkaia. El flysch se había quedado tatuado en la piedra. Para verlo solo hace falta seguir la ruta de los acantilados de Sopela. Una vez se llega a Barrika o a Arrieta será posible acercarse a estos cuadros erosionados por el arte marítimo, y conocer de primera mano a este pintor nada convencional: el mar Cantábrico.

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