{{title}}
{{buttonText}}

Son las siete de la mañana y el sol aún se resiste a salir de entre las montañas de la comarca de Sangüesa, me calzo las zapatillas y trato de mentalizarme de que 50 kilómetros no son nada, que la experiencia recompensará con creces el esfuerzo, pero el frío de los primeros días de marzo me advierte de la dureza del camino. Salgo desde Pamplona hasta el castillo de Javier. Como decenas, centenares, hasta llegar a miles de personas que se van incorporando en el trayecto desde distintos puntos de Navarra hago la Javierada, una tradición navarra entre festiva y religiosa que se celebra desde 1940, durante los dos primeros fines de semana de marzo, coincidiendo con la Novena de la Gracia. Las etapas, que discurren por senderos de postal con el verde como color dominante, son duras pero hermosas.

En el final de un trayecto de montañas y valles, el pueblo de Sangüesa indica a los peregrinos que han llegado a la última etapa, es sábado, y solo quedan ocho kilómetros para divisar entre un inolvidable paisaje la majestuosa figura del castillo de Javier. Es en esta localidad donde se pone más de manifiesto las diferencias entre los participantes de la Javierada y su carácter entre festivo y religioso. El domingo, un viacrucis con el obispo navarro a la cabeza, inicia los últimos ocho kilómetros hasta el castillo para venerar la figura del Santo con una misa al aire libre. Es el punto y final de un peregrinaje que se inicia y finaliza en un fin de semana, y por cuyo camino hemos dejado algunas de las estampas que permanecerán intactas en nuestra memoria por su belleza, y quién sabe si amistades que perdurarán en el tiempo. 

Localización

Plaza San Francisco Javier, 4 31411 Javier, Navarra