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Castillo de Bayuela

Verracos en la sierra de San Vicente

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Pueblo de casas apretadas y calles estrechas, modesto en población (ronda los 1.000 habitantes empadronados), ofrece al viajero razones sobradas para quedarse allí de visita. Situado en plena falda de la sierra de San Vicente, el mero paseo por sus calles tranquilas y reviradas (y en pendiente, ojo) sirve de atracción a quien viaje sin prisa ni objetivos.

Se encontrará entonces, en su recorrido pausado, rincones como la plaza de San Antonio y sus verracos, esculturas zoomorfas encontradas en el cerro de Torre Castilla y a las que se atribuyen cualidades de protección de vías ganaderas. El pueblo las exhibe con orgullo cerca de la plaza de la Constitución, sede del Ayuntamiento y adornada en el centro por el rollo de justicia, otro de los monumentos de los que presume la localidad. La columna toscana, cuya parte superior está formada por cuatro cabezas leonadas, se asienta sobre cinco gradas o escalones.

En cuanto al elemento que da nombre al pueblo, en el cerro del Castillo encontramos restos de varias edificaciones, entre ellas la llamada torre Fuerte y los restos de una ermita, hoy mal conservadas, pero igualmente interesantes para visitar. De vuelta al casco urbano, no debe olvidarse la iglesia de San Andrés Apóstol, decorada en el zócalo, el altar y el púlpito con la famosa cerámica talaverana.

Como remate (y anticipo de un viaje a la naturaleza y a la historia), en Castillo de Bayuela tenemos el centro de interpretación de la sierra de San Vicente, espacio para conocer los orígenes de la zona y lugar para el senderista. El GR 63 (Senda de Viriato) pasa al lado del pueblo.  

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