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Cintruénigo

Bellos palacios y casas solariegas en una Pompeya de ladrillo

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Pueblo ‘navarrico’ de cultura foral y tradición religiosa y taurina. Hasta su plaza de toros tiene una cabeza de res en la entrada. Visto en panorámica, parece una Pompeya reconstruida en ladrillo. Sus esbeltas y nebulosas calles llenas de tiendas y bares se extienden siguiendo el curso del río Alhama en barrios que se reparten como la Rosa de los Vientos: el casco antiguo en el centro, coronado por su Ayuntamiento; en el norte, el barrio de chalets de La Jamaica; en dirección a Madrid, Corella; y hacia el sur, Korea, donde se encuentran las pistas deportivas. De los citados barrios, el más importante es el casco antiguo por su cantidad de hermosos palacios y casas solariegas de estilo neoclásico y barroco. Ejemplos de ello son la Casa del Conde de Guevara, la Casa de los Lingués, el Palacio de Urbasos o el de Navascués. Además, allí se puede encontrar toda una galería de escudos de armas de familias nobles hechos de piedra en relieve entre los que está el blasón de Cintruénigo. Como monumentos identificativos de su gran fervor religioso destacan la parroquia manierista San Juan Bautista y la renacentista Basílica de la Purísima, donde nos espera un turbador retablo dorado. En sus múltiples celebraciones es común ver el tradicional trajecito navarro de pantalón y blusa blanca con cinturón y “pañuelico” escarlata. Destacan las fiestas patronales en honor de la Virgen de la Paz con su baile del 'Gigantón' o los Carnavales, que tienen un punto especial: los vecinos se visten de Zarramuskeros –un pintoresco traje del pueblo complementado por máscaras grotescas– y se dedican a manchar con azulete o tinte azul a los que no lleven disfraz.

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