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La Aldea de San Nicolás

Acariciada por el Atlántico

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A cualquier amante de la fotografía le gustaría inmortalizar hasta el último rincón de este pequeño territorio volcánico. En él, los “azulejos”, rocas formadas de la unión de lava y el agua de mar, posan para las mejores reflex, que no precisan de filtros para 'apresar' los colores de los senderos del parque natural de Inagua, una gama cromática que va desde el blanco más puro hasta el azul más intenso, pasando por rojizos, verdes y morados. Recorriendo estos coloridos caminos se llega a la cima de la montaña de Inagua donde, con un teleobjetivo, podremos admirar los acantilados canarios acariciados por el océano atlántico.

Uno de los parajes en el que tendremos que combinar varias lentes es 'Cactualdea', un entorno repleto de cactus, traídos de los más recónditos países. Por un lado utilizaremos el ‘macro’ para capturar pequeños detalles de las flores y sus espinas y, por otro, emplearemos un gran angular para ‘apresar’ una de sus estrellas, un enorme y puntiagudo ejemplar de más de seis metros de altura. La luz de los flashes nos ‘iluminarán’ sobre la cultura canaria y facilitarán que nos adentremos en los Caserones, un yacimiento arqueológico en el que todavía existían restos de construcciones habitacionales y funerarias habitadas por aborígenes.

De nuevo en el exterior, se ha de cambiar de objetivo y utilizar el estabilizador de la cámara para que no salgan movidas las celebraciones de la localidad, la fiesta del Charco, en la que recogeremos la tradición milenaria de 'embarbascar' a los peces, esto es, narcotizarlos para poderlos pescar más fácilmente. Y no hay que irse de La Aldea de San Nicolás sin visitar la playa de Güigüi donde, rodeado de arena volcánica y escuchando el murmullo del Atlántico, se 'tirarán' las instantáneas más relajadas.

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