Sant Pere de Ribes

La humildad convertida en grandeza

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Las espaldas de Sitges guardan un secreto que bien podría ser contado a voces: Sant Pere de Ribes, o como se lo conoce por ahí: 'Ribes'. Sí, como el licor de manzana. Más dulce si cabe pero sin necesidad de edulcorantes. Pueblo observador que guarda el encanto de lo que no se ha contado hasta la extenuación. Tranquilo, se halla resguardado por el Garraf con unos alrededores de viñas y bosques frondosos que enmarcan su interior plano y accesible a pie. Sin embargo, la novedad recorre sus calles de casitas unifamiliares y masías, que se ponen nerviosas cuando alcanzan una iglesia que le da la espalda a Ribes. Allí, en la plaza, el pequeño pueblo sin complejos desaparece y se convierte en alguien imponente de voz rotunda y rasgos neogóticos cuando aparece ante sus ojos la Esglèsia Nova de Sant Pere de Ribes, su skyline particular. Mientras ella gobierna, otras calles cuentan su propia historia como la calle Mayor, en la que las fachadas advierten del legado indiano repartido en torno a sus casas señoriales, o el resto que se deshacen en diferentes núcleos de población y urbanizaciones que respiran al son de la iglesia y del Castell. Algunos de ellos como Puigmoltó,Torres y Villanoveta retan al centro de Ribes, convenciendo al visitante de su pasado medieval mientras se mide con la torre Verger del mismo estilo. 'Un pueblito bueno' que se asoma desde la carretera camino a Barcelona y que convence al espectador de instalarse allí, para disfrutar de una riqueza paisajística incomparable regada por las tradiciones, el xató y el vino, al que además abre la puerta sin complejos, a través de sus numerosas bodegas.

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