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Sant Pol de Mar

Blanco camino hacia el mar

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A primera hora de la mañana, en el ambiente flota la brisa mezclada con el aroma dulzón a masa recién horneada. Y es que estamos en una localidad a orillas del Mediterráneo en la que su repostería y sus fresas son uno de los alicientes para el estómago. Para la vista y el bienestar general, están sus ocho calas rocosas y playas de arena granulada, como Roca Grossa o Roques Blanques, y las rutas próximas al mar que ofrecen el Camino de Ronda y el Paseo de la Punta. Sin embargo, y a pesar del nombre, Sant Pol tiene mucho más que arenales y ondas marinas. En lo alto del cerro, la ermita de San Pau es el recuerdo del monasterio que dio origen al pueblo, con una cripta visigoda en su interior, además de un excelente mirador desde el cual, con buena visibilidad, se puede adivinar el perfil del Montjuic de Barcelona. La iglesia gótica de San Jaume también es una huella de la época en la que Sant Pol tuvo que defenderse con torres vigía como su campanario. Y ahora, con el azul marítimo de fondo, contrasta el blanco reluciente de las paredes de sus casas marineras con las elaboradas fachadas modernistas del edificio de Las Escuelas, la casa del Dr. Roura, Can Planiol y Can Tió que el arquitecto Ignasi Mas i Morell dejó en su amada Sant Pol. 

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