Ubrique

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Los nombres de Ubrique y la piel están asociados sin remedio. La piel, el cuero, la marroquinería y su industria, forman parte de su historia. Nacen de su herencia árabe, alimentan su crecimiento en el siglo XX. No pueden entenderse uno sin la otra. De igual forma, para comprender esa otra piel de Ubrique, la que el pueblo dibuja extendido como un manto entre dos sierras, Grazalema y Los Alcornocales, hace falta examinarla de cerca y con calma, recorriendo cada metro de su curtido cuero, porque está lleno de sorpresas y de capas.

La que primero se percibe es una epidermis clara, de casas de fachada encalada, un rostro típicamente andaluz. En esa cara evidente, entre sus estrechas calles, llaman la mirada muchos edificios, la mayoría religiosos y con el eterno blanco en sus fachadas, como los dos que se miran en La Plaza, la iglesia de Nuestra Señora de la O, parroquia de Ubrique, y el Ayuntamiento, de clasicismo decimonónico. Y, a su vera, otro hito, La Fuente, de 1720. Cerca está también la ermita de San Antonio, el templo más antiguo de Ubrique (s.XVI), de bello campanario en donde notas de rojo rompen la monotonía del blanco, como ocurre en Jesús Nazareno (s. XVI-XVIII) y en tantas otras iglesias que salpican  su cuero.

Pero ya hemos dicho que Ubrique es más, y mirando más de cerca su piel se aprecia otra capa, de apariencia árabe, que da sentido a la anterior. Sin ella no habría marroquinería en Ubrique. Fue durante la época musulmana cuando se introdujo en el pueblo la tradición de trabajar la piel. Su herencia se puede sentir, pero también quedan sus marcas directas sobre la piel de la localidad, como atestiguan los restos de la antigua fortaleza árabe de Cardela, un bastión defensivo del paso al valle, hoy rebautizada como castillo de Fátima. Es ecléctica en su estilo, como las manos por las que pasó su posesión. Y rascando, apreciaremos otra capa aún más primitiva, pero que sujeta la base de todo: los restos de la ciudad romana de Ocurri, cuyas ruinas pregonan que la villa romana fue una ciudad importante y orgullosa. Ubrique de piel de calidad, piel curtida pero conservada en forma. La que tuvo, retuvo.

La ubicación de Ubrique, rodeada de montañas que, en siglos, pasados, servían de resonancia para los truenos, ha alimentado numerosas leyendas. Una de ellas, la de ‘las tres cruces’, cuenta cómo el pueblo se habría librado de ser sepultado por las rocas de la sierra en medio de una de estas tormentas gracias a tres cruces protectoras, colocadas en otros tantos picos de alrededor. El día que ellas cayeran, lo haría el pueblo. Una aún permanece en pie, la Cruz del Tajo.

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