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A una hora de las populares playas valencianas y a tres de Madrid, entre las sierras de Ayora, Martés y la Muela de Cortes, se encuentra uno de los diamantes verdes de la Comunidad Valenciana. En Cofrentes confluyen los ríos Júcar y Cabriel para brindarnos una desconexión total entre aguas fluviales, termales e incluso un volcán.
Comenzamos nuestro viaje como marineros de agua dulce. La ruta ribereña de Cofrentes a Cortes de Pallás es el único crucero fluvial de la Comunidad Valenciana, conocido popularmente como los "Fiordos Valencianos" debido a los imponentes cañones de roca que rodean el río Júcar. El barco parte desde el embarcadero de Cofrentes y navega por las aguas tranquilas del embalse hasta llegar cerca de la presa de Cortes de Pallás. El trayecto es de ida y vuelta, sin paradas intermedias.
A bordo de este crucero del Júcar nos recibe Encarna, que lleva veinte años llevando a turistas por estas tranquilas aguas. En los 90 minutos que dura el viaje, ella explica todo lo referente al agua, la naturaleza, la geología y la historia del lugar. Es una divulgadora enamorada del territorio, que consigue transmitirte su conocimiento y amor por la naturaleza. Aunque el día es caluroso, en el barco corre la brisa mientras navegamos encajonados por paredes verticales de piedra de hasta 400 metros de altura, pertenecientes a la Reserva Nacional de la Muela de Cortes.
Se trata de un tramo del Júcar que está "represado", debido a la presa de Cortes de Pallás, por lo que el agua no tiene excesiva corriente ni rápidos. Es una navegación completamente tranquila y segura, similar a navegar por un lago alargado y profundo rodeado de imponentes montañas. Y durante la ruta avistamos el inaccesible Castillo de Chirel en lo alto de un risco y las ruinas de lo que fue una antigua cementera. También vemos una cabra montesa y a unos escaladores que trepan por una vía ferrata.
¡Vulcanistas! ¿Sabíais que a menos de una hora de Valencia hay un volcán estromboliano? Si, el único volcán de la Comunidad Valenciana se encuentra en Cofrentes, por suerte está extinto, pero visitarlo nos permite conocer y estudiar esta maravilla geológica. Aunque ahora es un lugar tranquilo, en su origen se combinaron coladas de lava basáltica con fases explosivas de gases y piroclastos. Eso ocurrió hace dos millones de años, en la Era Cuaternaria, moldeando el paisaje que ahora podemos disfrutar.
El camino hasta su cráter lo podemos hacer andando, en coche o en un trenecito que sale del mismo balneario. Subiendo por la pista iremos viendo la vegetación característica de matorral y bosque mediterráneo seco, adaptada aquí al suelo volcánico y a la escasez de agua, y cómo ésta va variando, tornándose todavía más baja y dispersa, conforme llegamos hasta el cráter y los pinos carrascos van dejando paso al esparto y la ontina. A medida que ascendemos, vemos cómo el suelo se va convirtiendo en pura piedra suelta y ceniza negra y rojiza.
Si nos desviamos del camino y nos asomamos al cerro, veremos el viaducto de la N-330 y un mar de pinos, una inmensa masa forestal verde que cubre todos los valles y laderas y está compuesta casi en su totalidad por el pino carrasco. Una vez llegados al cráter el paisaje es alucinante, talmente como si estuviéramos en la luna o en una película de ciencia ficción. Si haces como nosotros y vas al atardecer, evitarás el calor y disfrutarás en soledad de este lugar verdaderamente mágico.
Algunos datos curiosos que aprendimos: las piedrecitas pequeñas y porosas se llaman “lapilli”. Son los pequeños fragmentos de lava expulsados al aire durante una erupción, que se solidifican antes de tocar el suelo. Si tienen más de 64 centímetros, son bombas volcánicas, y si tienen menos de 2 milímetros, es ceniza. Todas ellas son piroclastos, que es como se llama a cualquier material que lanza un volcán.
Pero la bomba por excelencia del cerro de Agrás es la gran roca basáltica redondeada que está justo sobre su cráter. Su color marrón, o rojizo, tan llamativo se debe a la oxidación de los minerales de hierro y se calcula que debe de pesar unas tres toneladas. Aunque el volcán está extinto en su subsuelo profundo, todavía queda una cámara magmática enfriándose lentamente que calienta el agua subterránea. Las aguas de lluvia se filtran en la tierra, absorben el calor de las rocas profundas del volcán, se cargan de minerales y vuelven a salir a la superficie en forma de manantiales termales. Esta combinación dio origen al famoso Balneario de Hervideros de Cofrentes, situado a los pies del volcán.
Y en esas estábamos, leyendo los carteles y aprendiendo geología, cuando una cabra montesa se nos apareció entre los riscos, observándonos curiosa. Desde el mirador también pudimos ver águilas y halcones peregrinos y, en el camino de regreso, nos cruzamos con un conejo.
A sólo 10 minutos caminando desde el pueblo, o siguiendo las indicaciones del parking si vamos en coche, llegamos al área recreativa del Cabriel, una zona habilitada para el baño y el descanso. Qué mejor plan que tumbarse sobre el césped, a la sombra, junto a un río en verano y con todo fácil para pasar el día: mesas de madera para un pícnic, una fuente de agua potable, columpios para los peques y un pantalán para facilitarnos el acceso al agua…
Si eres más inquieto, desde allí empieza el sendero homologado PR-CV 380, que te permite caminar literalmente junto a la orilla del Cabriel hasta el preciso instante en el que sus aguas se mezclan con el Júcar. Además, aquí se celebra cada mes de mayo la Fiesta de la Maderada, donde se homenajea el antiguo oficio de los madereros, "gancheros", bajando los troncos que flotan por las aguas del río Cabriel hasta este punto exacto.
El pueblo está coronado por una fortaleza de origen islámico construida a 394 metros de altitud. Está edificada directamente sobre roca basáltica de origen volcánico y alberga el reloj mecánico de torre más antiguo de la Comunidad Valenciana. A sus pies, un mural de cerámica nos habla de la expulsión de los moriscos a principios del siglo XVII. Las vistas desde aquí son espectaculares e impacta la gran central nuclear, que desde este punto hace inevitable apreciar cómo se combina un hermoso entorno natural con una de las mayores infraestructuras energéticas de España.
A pocos metros del castillo, el mirador de La Era del Chulo ofrece unas vistas espectaculares de la confluencia de los ríos Júcar y Cabriel justo a los pies del volcán. Y en la misma plaza que esta fortaleza, se encuentra la Iglesia de San José. Desde aquí, podemos ir paseando por las empinadas callejuelas de Cofrentes o tomar algo en alguna de sus terrazas. Todo en una excursión breve de un día o dos. Pero, si vais con tiempo, este valle aún puede daros muchas rutas y enclaves para disfrutar de la naturaleza.
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