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Podría tener sentido y resultar incluso poético que Rubén y Ramón Sánchez-Camacho hubieran llamado “Epílogo” al negocio que abrieron tras el cierre del negocio de sus padres. Sin embargo la verdad es que, como tantas otras cosas en este restaurante, el nombre es heredado, en este caso del salón de bodas que lo alberga. Lo cuenta Rubén con llaneza en las escaleras que preceden a su cocina vista: “Epílogo nació hace nueve años con la idea de hacer eventos”, pero hace cinco empezaron con la gastronomía. “La base del menú es del Guadiana, este capítulo es de recuerdos de casa, el de antes era de caza”, explica poco antes de sentarnos a la mesa.
En Epílogo el territorio manchego se percibe desde el camino, a través del lenguaje, en las recetas y también por algunos ingredientes, de estricta proximidad: “Conservas de El Cazador y quesos de La Casita de La Solana -a media hora de Tomelloso-, vegetales de Frutas Bolaños en Bolaños de Calatrava -a menos de una hora, también en Ciudad Real-, y pan de Jesús Sanchez (Solete Guía Repsol): “Fue espigador y le pido panes acordes al sabor de los platos”, cuenta Sánchez-Camacho sobre el maestro panadero que continúa en Tomelloso el negocio familiar iniciado en 1752, hace ya cinco generaciones.
Precisamente pan de Jesús Sánchez es lo primero que se lleva a la boca el comensal afortunado que se sienta en una mesa de Epílogo. Concretamente pan de masa de madre con crema de calabaza, de pasas y nueces y con cinco tipos diferentes de semillas, para degustar los aceites de distintas intensidades que preceden a los aperitivos, capitaneados por una mantequilla de txuleta en pan brioche: “La hacemos con grasa madurada y ahumada, la metemos en la brasa y luego a baja temperatura”, desgranan, mientras el comensal coloca la anchoa sobre la delicada rebanada.
El intenso color rojo sobre el pequeño pilar de madera de la pasa de asadillo manchego -ensalada de pimientos rojos asados- llama la atención en una mesa compartida con la trucha en “hojaldre” de obulato -reminiscencias a Disfrutar (3 Soles Guía Repsol)-, el vaso con una sorprendente royal de mejillón con manzana y piñones tostados y una lámina de pato madurado con foie curado.
Cada pase de este menú subraya la historia que Rubén ha contado al principio: la de una familia manchega y viajera -tanto que él nació en Bilbao y su hermano en Valencia- y que en 1979 volvió a su pueblo, Daimiel. Allí regentaron El Bodegón, donde hacían cocina de la zona con algún toque de Euskadi, hasta 2017. Rubén siempre trabajó mano a mano con su madre -“aprendí de ella todo lo que sabía hacer”- y aunque él salió a aprender procedimientos para que las recetas tradicionales brillaran más y ya allí empezaba a innovar, sigue poniéndose nervioso cada vez que la maestra se sienta a su mesa.
Es fácil suponer que a María, la cocinera que empezó todo, le gustará la croqueta de jamón ibérico y queso de oveja y que, como al resto de los mortales, le conquista el atún en orza. Es uno de los momentos clave del menú: Rubén llega con una pequeña tinaja de barro, saca un lomo de atún y corta una tajada. “La orza siempre se ha hecho para conservar, se hacía sobre todo en las matanzas. Aquí lo hacemos igual pero con el atún”, cuenta, mientras lo sirve nada más que “con un poquito de su aceite y un poquito de sal en mesa”.
Después llega la ostra, que aquí sirven a la brasa, con crema de chirivía, agua del propio molusco y polvo de puerro y un ajoblanco difícil de olvidar. Acompañado de guisantes lágrima, gamba roja y polvo de pistacho, consigue una combinación ligeramente dulce que puede convertirse en uno de los platos favoritos de algunos comensales, pero es en los siguientes pases donde mejor se percibe la esencia del restaurante. “Estoy muy contento”, transmite con sencillez Rubén sobre su versión del pollo asado que a pesar de sus tres texturas, recuerda a ese pollo que muchos comíamos en casa desde niños. El intenso aroma del caldo concentrado, la inusitada pechuga deshidratada y la piel, tan reconocible, proponen un viaje a un domingo al mediodía de hace décadas.
En esta línea llega el momento de la sopa de ajo, otro de los grandes éxitos. La magia comienza con una yema curada y un toque de gel de ajo asado con capuchina en el fondo del plato, continúa cuando se vierte el caldo y termina con unas obleas de pan -sin gluten, apto para celiacos- que los comensales deben partir con las manos y colocar encima. Remover con la cuchara y tomar un sorbo será el paso previo para otro viaje sofisticado a la verdadera cocina manchega.
No es fácil estar a la altura de tanto sabor desde la parte líquida pero, por suerte, Ramón Sánchez-Camacho es el encargado de esa parte. El reconocido sumiller, presidente de la Asociación de Sumilleres de Castilla-La Mancha, acompaña el viaje de su hermano con audacia, conocimiento y alegría, buscando siempre el asombro y la diversión. Arrancar con un champagne J.Lasalle es una declaración de intenciones, como también lo es servir pronto el vermouth blanco artesano Universo, original de Tomelloso. Con el Guadianeja Airén Encascado, también de la zona, explica la práctica tradicional de fermentar el caldo con la propia cáscara de la uva y con el Godello Plazuelas de Nacho Álvarez, la viticultura heroica leonesa.
Así, llega el turno al plato que puso en el mapa este restaurante, el escabeche de mandarina. Ganador del Mejor Escabeche en España de 2024 en Madrid Fusión, se ha ganado de momento, el pase VIP para el menú de los hermanos Sánchez-Camacho: “Es un escabeche de mandarina con cecina y níscalo encurtido”, explica Rubén como si tal cosa. Después, llega el bogavante con un “guisito de cangrejo que se ha hecho siempre aquí, y caviar” y Mundo Perdiz, otro plato premiado “de aprovechamiento total”. El “bollito con guiso clásico de perdiz, la albóndiga con la carcasa y el bombón con praliné” se llevaron el primer premio del I Concurso de Cocina con Perdiz Raíz Culinaria de Madrid Fusión 2025.
Ya a punto de terminar, le llega el turno al rodaballo a la brasa sobre risotto de trigo, boletus y su jugo acompañado de una demiglás con miel, mayonesa de uva tinta y yuzu, “un picor que se va rápido”. Termina el pase salado con un solomillo también a la brasa con chutney de remolacha y unos puntos, discretos y potentes, de puré de membrillo, pimiento asado y chocolate negro. Con los postres llega el bombón de manzana ácida “que limpia el paladar”, el sorbete de mandarina con crumble sobre una enorme y práctica cuchara de madera y un apabullante risotto de piñones con queso manchego. “Lo llevo haciendo años y no lo puedo dejar de hacer”, afirma Sánchez-Camacho mientras alguien, aún con la cuchara en la mano, piensa: “Quizá sea el mejor arroz con leche que he comido”.
Mientras, Ramón ha seguido alternando referencias de la zona y otras de diferentes cultivos de España y Europa hasta llegar, por ejemplo, al Lara O de Territorio Luthier DO Aranda de Duero: “Un clarete con un poquito de madera, un clarete con alma de tinto”, describe. Al llegar al ecuador no afloja en ingenio y venencia un palo cortao desde un pequeño tonel que acerca a la mesa -“lo recibo cada mes y medio y lo voy cambiando en la barrica”, explica- o sirve “una cerveza de unos chavales de Campo de Criptana” desde la atractiva botella de Saison 0126, con un toque de azafrán. Una copa de Le Fulané, ese vino de Almansa que toma como referencia los Beaujolais de Borgoña, el burdeos Chateau du Courlat y el dulce Sirena del Maar “del que elaboran muy poquitas botellas” en la bodega Encomienda de Cervera, en Almagro, ponen el broche al despliegue.
Gominolas de fresa y frambuesa o nubes de sangría con azúcar glas son algunos de los sabores de la despedida cierta donde quizá se comente, ya casi con nostalgia, el sabor del arroz con leche, la sopa de ajo, o el pollo asado. Bajando las escaleras que dan al jardín de Epílogo el comensal puede sentirse reconfortado por algún sabor de la infancia, feliz de haber dado con algo valioso o triste porque, de momento, se acabó. Lo que es seguro: entenderá los recientes reconocimientos a los hermanos Sanchez-Camacho a nivel nacional y sentirá curiosidad por volver pronto, sobre todo sabiendo sus intenciones: “Seguir avanzando, seguir cocinando y que venga lo que tenga que venir”.
EPÍLOGO - Ramón Ugena, 15. Tomelloso, Ciudad Real. Tel: 926.16.12.22
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