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La Casona de los Calviño, construida en 1850, fue durante más de un siglo ejemplo de la arquitectura pacega gallega y estuvo estrechamente vinculada a la vida política, judicial y cultural de Galicia a finales del siglo XIX e inicios del XX. Tras décadas de historia y una posterior intervención a principios del siglo XX que le otorgó su característica portada de estilo art déco, la finca ha iniciado una nueva vida reconvertida en Villa Lores, un hotel boutique ‘adults only’ que rinde tributo a su historia sin renunciar al confort contemporáneo.
Detrás del proyecto están Natalie Barreira y Víctor Leis, una pareja de A Coruña que se enamoró de la casa mientras buscaba una residencia de verano en la zona. La familia de Víctor la compró y decidieron emprender una minuciosa rehabilitación de dos años para transformarla en un refugio de siete habitaciones. En el resultado tienen tanto peso el pasado de la construcción como los orígenes familiares. La madre de él, holandesa afincada en Galicia, puso su sello e imprimió al proyecto un aire europeo que le da personalidad y lo diferencia de iniciativas similares de la zona.
Han creado un espacio de calma, pensado para bajar el ritmo a pocos minutos del bullicio de la costa. Lo primero, garantizar el descanso en siete habitaciones dobles, concebidas como espacios singulares distanciados del minimalismo monocromático habitual. “Queríamos alejarnos de lo que se está viendo ahora, todo en tonos neutros, y darle mucho color”, explica Natalie Barreira. Y diseñaron los cuartos movidos por esa filosofía de “perder el miedo al color” para crear una atmósfera que te transporte a otro lugar. Así, cada estancia explora su propia personalidad cromática, con versiones en verde, azul, rosa o naranja, logrando envolventes juegos de color, que se despliegan en paredes, textiles, cabeceros, butacas o lámparas sin desatender el confort. Dormitorios amplios, luz natural, sábanas de 600 hilos y toallas de máxima calidad garantizan una estancia orientada al descanso absoluto y a bajar las revoluciones.
Ya por la mañana, la estancia tendrá otro punto de inflexión, un desayuno tipo brunch en dos pases, que los fines de semana también se abre a clientes no alojados en el establecimiento. La propuesta arranca con un primer pase con fruta de temporada recién cortada, yogur griego con granola casera y miel, y bollería artesanal, acompañado de zumos naturales y café de especialidad en filtro para los más cafeteros.
El segundo pase, a la carta, permite elegir entre diversas tostas de autor y platos calientes preparados al momento. Entre la oferta salada destacan la tostada benedictina con huevo mollet, salsa holandesa, canónigos y aguacate; las opciones sobre pan de masa madre con aguacate y salmón ahumado o huevo mollet; y los huevos fritos o revueltos acompañados de bacon y pan de maíz. La propuesta se completa con un plato variado a base de jamón ibérico, pavo natural, quesos del país y de oveja, con dátiles, nueces y tomate rallado; así como con una alternativa dulce de tosta de crema de cacahuete con plátano de Canarias y cacao rallado.
En la experiencia en Villa Lores la vertiente gastronómica tiene mucho peso. No ofrece servicio de comidas o cenas en el comedor, pero, durante las tardes, sí ponen a disposición de los huéspedes la posibilidad de disfrutar, junto a la piscina, de un picoteo relajado a base de conservas locales o su popular sándwich de pavo trufado.
La piscina es, precisamente, uno de los grandes reclamos. Exterior y climatizada, supone un elemento diferencial en la zona que permite disfrutar del baño sin importar la brisa atlántica. Como explica la propia Natalie Barreira, la temperatura fija de 31 grados transforma por completo la estancia: “Es algo que le llama mucho la atención a la gente y lo agradece. En Galicia, las piscinas suelen estar bastante frías, pero la nuestra está a 31 grados, es muy agradable y se pasan el día en ella”.
Integrada entre el hórreo centenario y las especies perennes del jardín, esta zona de baño se convierte en el escenario principal para llevar a la práctica lo que Natalie define como la verdadera esencia del proyecto: “Un refugio inesperado en mitad de las Rías Baixas, un lugar no para esconderte, sino para desconectar, relajarte y disfrutar” que, de cara al invierno, completarán con sauna, jacuzzi y chimenea en el salón.
La cuidadosa restauración ha preservado la práctica totalidad del arbolado, con varios ejemplares centenarios, y también ha sabido conservar los elementos más emblemáticos de la estructura original, como la escalinata interior de madera tallada, los portones principales y los pavimentos de mosaico hidráulico. Todo desde un concepto inspirado en villas francesas o italianas y en un “encuentro entre lo antiguo y lo moderno”.
Muros de granito y árboles centenarios sirven ahora de marco para una propuesta de interiorismo y paisajismo en la que ganan peso las piezas de anticuario. La familia delegó en la pareja la recuperación y gestión del establecimiento y ahí entró el gusto de Natalie por los anticuarios que suele frecuentar, donde encontró las estatuas que decoran el jardín y elementos salpicados por toda la propiedad.
El alojamiento resulta singular dentro de la oferta de la zona, tanto por su marcada personalidad y ambiente de inspiración europea como por su concepción del confort y su concepto sólo para adultos. El punto de partida perfecto para quienes quieren descubrir la zona turística de las Rías Baixas sin renunciar a la intimidad máxima y a las comodidades de un cinco estrellas.
A tan sólo unos minutos en coche de las zonas más visitadas de O Grove o Sanxenxo, pero alejado de las masificaciones, este hotel boutique también es un oasis perfecto para planes más centrados en la naturaleza o el senderismo. Hay bicicletas eléctricas a disposición de los huéspedes y, a apenas unos minutos a pie, se encuentra la Ruta do Río Chanca (o Ruta de los Molinos de Lores), que combina el patrimonio etnográfico gallego con la naturaleza más pura.
Justo lo que Natalie y Víctor buscaban cuando empezaron a explorar la zona para encontrar una casa de veraneo en las Rías Baixas. Esa vivienda nunca apareció, pero la inmobiliaria les enseñó la antigua Casa de los Calviño. “La vimos y nos quedamos enamorados de ella”, confiesan. Era demasiado grande para vivir, pero no para crear un negocio. “Nos quedamos sin casa de veraneo, pero montamos un hotel”. Profesionalmente, ninguno de los dos procede de la hostelería, pero hicieron realidad un sueño: “creamos un hotel que nosotros teníamos ganas de que existiese”.
HOTEL ‘BOUTIQUE’ VILLA LORES. Lugar Igrexa-Lores, 1. (Meaño, Pontevedra). Tel. 986 499 691
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